En 1974, Wayne Shorter publicó Native Dancer, un álbum que marcaría un momento importante en su relación con la música brasileña. El protagonista no era solamente el saxofonista estadounidense. Junto a él aparecía la voz de Milton Nascimento, un músico que desde Minas Gerais había construido un lenguaje propio y que comenzaba a ocupar un lugar cada vez más importante fuera de Brasil. Para entender ese encuentro es necesario retroceder algunos años y entrar en el universo de Clube da Esquina.
A comienzos de la década de 1970, Milton Nascimento, Lô Borges y un amplio grupo de músicos vinculados a Belo Horizonte habían desarrollado una manera particular de entender la canción. El disco Clube da Esquina, publicado en 1972, reunía elementos que hasta entonces podían parecer pertenecientes a mundos diferentes: la música de Minas Gerais, la canción brasileña, el rock, la influencia de los Beatles y distintos recursos armónicos y melódicos vinculados con el jazz. La particularidad no estaba simplemente en reunir esas influencias. Lo verdaderamente interesante era la manera en que convivían.
En una misma canción podían aparecer una melodía de gran amplitud, una armonía sofisticada, guitarras con funciones diferentes, voces superpuestas, cambios de textura y una sección rítmica que no se limitaba a acompañar. Todo estaba integrado dentro de una concepción de conjunto en la que los instrumentos parecían escucharse permanentemente entre sí.
Milton Nascimento ocupaba un lugar central dentro de ese universo. Su voz tenía una característica difícil de separar de su manera de pensar la melodía. No cantaba solamente una línea escrita: la frase parecía abrirse sobre la armonía, demorarse, anticiparse y encontrar espacios que permitían que la música respirara. Ese modo de construir una canción llamó la atención de Wayne Shorter.
Shorter conocía muy bien el valor de una melodía que pudiera generar diferentes posibilidades. Su trayectoria junto a Art Blakey, Miles Davis y Weather Report había consolidado una concepción del jazz en la que composición e improvisación mantenían una relación permanente. Su acercamiento a Milton Nascimento no consistió, entonces, en agregar simplemente un cantante brasileño a una formación de jazz. El encuentro permitió que dos lenguajes musicales comenzaran a escucharse desde adentro.
Native Dancer apareció en 1974 y registró ese diálogo con una naturalidad poco habitual. La música de Milton conservaba su identidad brasileña, mientras que Shorter encontraba en aquellas melodías, armonías y ritmos un territorio nuevo para desarrollar su propio lenguaje.
La importancia del disco también reside en aquello que no intenta hacer. No busca convertir la música de Milton en jazz ni presentar una demostración de virtuosismo estilístico. La colaboración funciona porque cada músico puede conservar su identidad y, al mismo tiempo, modificarla ligeramente al entrar en contacto con el otro.
Ese principio volvería a aparecer años después, cuando Milton Nascimento convocó nuevamente a Wayne Shorter y a Herbie Hancock.
En 1987, en el álbum Yauaretê, los dos músicos participaron en “Mountain”. La presencia conjunta de Shorter y Hancock tenía un significado especial. Ambos habían sido integrantes del segundo quinteto de Miles Davis y habían participado de algunos de los procesos que ampliaron las posibilidades del jazz durante las décadas de 1960 y 1970.
Pero junto a Milton no estaban simplemente representando la historia del jazz estadounidense. Estaban entrando nuevamente en contacto con una música que también había influido en su manera de escuchar.
La relación entre Clube da Esquina y el jazz, por lo tanto, no puede explicarse como una influencia que avanza en una sola dirección. La música brasileña recibió elementos del jazz, pero también ofreció a los músicos estadounidenses nuevas posibilidades melódicas, armónicas y rítmicas.
En ese intercambio, las fronteras estilísticas pierden parte de su importancia. Lo que permanece es la música y, sobre todo, la capacidad de los músicos para escuchar aquello que sucede fuera de su propio lenguaje.
Milton Nascimento no necesitó convertirse en músico de jazz para trabajar con Wayne Shorter y Herbie Hancock. Shorter y Hancock tampoco tuvieron que abandonar su identidad musical para entrar en el universo de Milton.
El encuentro ocurrió en otro lugar: en la manera de escuchar, de frasear, de acompañar y de construir juntos una canción.