Un saxo tenor y un contrabajo bastan para recorrer buena parte de la historia del jazz moderno en Beneath Lifted Skies, el álbum que reúne por primera vez en un proyecto de dúo a Melissa Aldana y Linda May Han Oh. Publicado por Biophilia Records el 21 de agosto de 2026, el disco reúne quince piezas y propone una combinación poco habitual: standards, clásicos del bebop, composiciones del jazz moderno, tres improvisaciones y tres intervenciones de contrabajo solo. La formación define buena parte de lo que sucede.

No hay batería, piano ni guitarra. La ficha del álbum acredita a Han Oh en bajo y a Aldana en saxo tenor, y las reseñas del disco destacan precisamente la naturaleza desnuda de esta combinación. El resultado obliga a reconsiderar funciones que en una formación convencional suelen estar repartidas entre varios instrumentos. El repertorio tampoco fue elegido para reconstruir un determinado período del jazz. Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Bud Powell, Charles Mingus, Sam Rivers, Herbie Hancock, Wayne Shorter, John Coltrane, Thelonious Monk, Gigi Gryce, Sammy Fain e Irving Kahal, Billie Holiday y Arthur Herzog aparecen junto a una composición de Han Oh y tres improvisaciones realizadas por ambas intérpretes. El material recorre, de este modo, distintas formas de pensar la melodía, la armonía, el ritmo y la improvisación. La elección de “Anthropology” permite entrar directamente en ese problema.

La composición de Parker y Gillespie pertenece al núcleo del bebop: una melodía angular, rápida y de gran exigencia rítmica. En una formación habitual, el swing estaría sostenido por una sección rítmica completa. Aquí esa función se concentra en el diálogo entre el bajo y el tenor. Han Oh no se limita a proporcionar las fundamentales; participa de la construcción melódica y rítmica mientras Aldana articula el tema con la precisión que exige su lenguaje. Una reseña de PopMatters describe la interpretación como un recorrido de bebop a gran velocidad en el que ambas intérpretes mantienen el control sin que la reducción instrumental debilite la energía.

La siguiente pista, “Hallucinations”, de Bud Powell, modifica el escenario. El tempo más moderado permite escuchar con mayor claridad cómo el dúo alterna pasajes al unísono con líneas de walking. La composición deja de ser simplemente una melodía sobre acompañamiento: bajo y tenor pueden compartir una idea, separarse y volver a encontrarse dentro de la misma estructura. Ese desplazamiento de funciones atraviesa todo el álbum.

En “Duke Ellington’s Sound of Love”, Charles Mingus convierte el homenaje a Ellington en una balada. Aldana trabaja el tenor desde una sonoridad flexible, moldeando las notas y dejando que el carácter expresivo de la melodía ocupe un lugar central. La interpretación cambia nuevamente la relación entre los dos instrumentos: el tiempo deja de sentirse como una cuadrícula evidente y comienza a funcionar como una respiración compartida.

“Cyclic Episode”, de Sam Rivers, introduce otra concepción. El contrabajo pasa por diferentes patrones, desde figuras de octavas con mayor sensación de groove hasta fragmentos asociados al swing tradicional. La composición permite escuchar una característica importante de Rivers: la posibilidad de mantener referencias reconocibles mientras la relación entre los instrumentos permanece abierta. La pista dura oficialmente 3:19, según la ficha del álbum. Después aparece “The Sorcerer”, de Herbie Hancock, pero esta vez desaparece el diálogo. Linda May Han Oh queda sola.

La interpretación exige que el contrabajo asuma simultáneamente funciones que normalmente estarían distribuidas entre diferentes músicos. La reseña de PopMatters destaca precisamente esa capacidad de tocar melodía, armonía y ritmo sin asistencia. La información oficial agrega un detalle particular: para esta interpretación Han Oh utilizó un bajo con extensión de Do grave que había pertenecido a un contrabajista de orquesta de su ciudad natal, Perth.

La decisión de incluir piezas solistas no funciona como un paréntesis virtuoso. Ayuda a comprender el papel que Han Oh desempeña en las piezas de dúo. Algo similar ocurre con “God Bless the Child”, de Billie Holiday y Arthur Herzog. La melodía, conocida por su enorme carga expresiva, es trasladada al contrabajo y adquiere otra dimensión. El instrumento deja de ser identificado exclusivamente con la función de acompañamiento y se convierte en una voz capaz de sostener una canción completa.

“Winter”, composición de Han Oh, completa este pequeño grupo de solos. Es la única composición original de la bajista incluida en el programa y funciona como una afirmación de su propia voz dentro de un repertorio dominado por compositores históricos. El recorrido vuelve a cambiar con Wayne Shorter y John Coltrane. “Dance Cadaverous” trabaja sobre una atmósfera más inestable. La melodía parece deslizarse y perder momentáneamente su centro, mientras el diálogo entre tenor y bajo evita convertir la pieza en una simple lectura del original.

“26-2” introduce otro nivel de relación con la tradición. Coltrane construyó la composición a partir de la estructura armónica de “Confirmation”, de Charlie Parker. Cuando Aldana y Han Oh interpretan “26-2”, no están trabajando solamente sobre una pieza de Coltrane: están entrando en una composición que ya contiene la memoria de Parker. La historia del jazz aparece dentro de la propia arquitectura musical.

El repertorio más ligado a la canción aparece en “I’ll Be Seeing You” y “Social Call”. La primera, de Sammy Fain e Irving Kahal, permite a Aldana trabajar un registro más cálido y flexible; “Social Call”, asociada a Gigi Gryce y Jon Hendricks, devuelve al dúo una energía más marcada por el swing. PopMatters señala precisamente estas dos interpretaciones como algunos de los momentos donde la relación con la tradición del jazz resulta más evidente.

Y entonces aparecen las improvisaciones. “Infinite”, “Resolve” y “Shoulder to Shoulder” no parten de composiciones previamente establecidas. Son improvisaciones realizadas desde cero por las dos intérpretes. Sin embargo, no producen una ruptura con el resto del álbum. Una de las observaciones más interesantes de las reseñas es precisamente que estas piezas conservan un fuerte sentido melódico y tonal.

Aquí aparece una de las ideas más fértiles del proyecto. La tradición y la improvisación libre no son presentadas como posiciones opuestas. Las mismas intérpretes que pueden abordar a Parker, Powell o Monk pueden construir una pieza en tiempo real sin recurrir a una composición previa. El conocimiento del lenguaje no desaparece cuando desaparece la partitura. Al contrario: se vuelve una herramienta para organizar lo que está sucediendo. Eso es especialmente perceptible en un dúo.

Cada sonido modifica las posibilidades del siguiente. Si el bajo establece una figura, el tenor puede responder sobre ella. Si Aldana deja una frase suspendida, Han Oh puede prolongarla, contrastarla o simplemente dejar espacio. La forma surge de esa sucesión de decisiones.Se trata de compartir la responsabilidad de la forma.

El título Beneath Lifted Skies resume esa relación con la tradición. Linda May Han Oh explicó que el nombre alude a quienes abrieron el camino para las generaciones posteriores; Aldana, por su parte, lo relacionó con una sensación simultánea de apertura, posibilidad y vulnerabilidad. Las dos ideas ayudan a entender el proyecto: mirar hacia quienes construyeron el lenguaje sin convertir esa herencia en una obligación de repetirlo.

Esa posición resulta especialmente interesante porque ambas llegan al proyecto desde trayectorias propias. Han Oh, nacida en Malasia y criada en Australia Occidental, y Aldana, nacida en Chile, desarrollaron sus carreras en la escena internacional y neoyorquina. Las dos son compositoras y líderes de sus propios proyectos, y hasta este álbum habían trabajado solo ocasionalmente juntas, sin haber acumulado una extensa experiencia como dúo.

Por eso Beneath Lifted Skies no funciona como una reunión de dos instrumentistas que simplemente reproducen repertorio. La propuesta es más precisa. Tomar aquello que recibieron, quitar parte de la estructura habitual que lo sostiene y comprobar qué permanece. Permanece la melodía. Permanece el swing. Permanece la armonía. Permanece el diálogo. Y, sobre todo, permanece la escucha.

Ese es quizá el aspecto más revelador del álbum. La ausencia de una sección rítmica completa no empobrece la música; hace visibles algunas de sus funciones. El bajo puede convertirse en pulso, contrapunto o melodía. El tenor puede responder rítmicamente. El silencio puede funcionar como articulación. La forma puede aparecer sin que todos sus componentes estén previamente distribuidos. Desde esa perspectiva, Beneath Lifted Skies es mucho más que un álbum de versiones. Es un estudio sobre cómo el jazz transmite su lenguaje.

Parker conduce a Coltrane. Hancock convive con una composición de Han Oh. Sam Rivers puede compartir programa con Billie Holiday. Una improvisación espontánea puede ocupar el mismo espacio que “Anthropology”. Nada de eso se presenta como una contradicción. La tradición permanece viva precisamente porque puede ser transformada.

Y en este disco esa transformación sucede en un espacio muy reducido: entre el sonido del saxo tenor de Melissa Aldana y las múltiples funciones que Linda May Han Oh consigue hacer visibles desde el contrabajo. Dos instrumentos son suficientes para volver a plantear una pregunta fundamental del jazz: ¿cuánto de la música está realmente escrito y cuánto se construye entre quienes están escuchando?

Beneath Lifted Skies ofrece una respuesta que no necesita ser explicada. Hay que escucharla.

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