El 12 de agosto de 1958, una mañana de verano en Harlem reunió a 57 músicos de jazz frente a una casa de piedra rojiza de East 126th Street. No iban a tocar. No había un escenario, ni una sesión de grabación, ni un concierto. Iban a posar para una fotografía.

Lo que ocurrió aquella mañana terminaría convirtiéndose en una de las imágenes más conocidas de la historia del jazz. La fotografía fue realizada por Art Kane para Esquire y apareció en el número de enero de 1959, dedicado a la llamada “Golden Age of Jazz”. La idea de reunir a los músicos había partido de Robert Benton, entonces director artístico de la revista. Kane recibió el encargo y se ocupó de la realización fotográfica y de elegir el lugar. La escena fue preparada en 17 East 126th Street, entre Fifth y Madison Avenue, con el tránsito momentáneamente interrumpido para permitir la sesión.

La dificultad era evidente: conseguir que decenas de músicos de jazz aparecieran simultáneamente a las diez de la mañana. Muchos de ellos habían trabajado durante la noche y estaban acostumbrados a horarios completamente diferentes. El propio documental de Jean Bach recupera el humor y las dificultades de aquella convocatoria. Contra las expectativas, los músicos comenzaron a llegar y finalmente fueron 57.

Entre ellos estaban Count Basie, Dizzy Gillespie, Thelonious Monk, Lester Young, Coleman Hawkins, Roy Eldridge, Art Blakey, Charles Mingus, Sonny Rollins, Horace Silver, Benny Golson, Johnny Griffin, Gerry Mulligan, Gene Krupa, Mary Lou Williams, Milt Hinton, Oscar Pettiford, Buck Clayton y Marian McPartland, entre muchos otros. La fotografía reunía así a varias generaciones del jazz estadounidense.

Pero existe un segundo documento que transforma por completo la manera de mirar aquella imagen. La cámara de Milt y Mona Hinton Mientras Art Kane intentaba organizar a los músicos, Milt Hinton, contrabajista y uno de los participantes de la fotografía, llevó una cámara doméstica. Las imágenes fueron filmadas por Hinton y su esposa, Mona Hinton, en película de 8 mm. Aquella decisión, aparentemente casual, tuvo consecuencias extraordinarias. La fotografía de Kane conserva un único instante; las imágenes de los Hinton permiten observar el movimiento que existió alrededor de ese instante.

Los músicos aparecen llegando, reuniéndose, saludándose, conversando y esperando. No vemos solamente a los nombres que posteriormente ocuparían los libros de historia del jazz. Vemos a un grupo de colegas que se encuentra en una calle de Harlem. La película muestra precisamente aquello que una fotografía no puede registrar: el tiempo que transcurrió antes de que todos quedaran finalmente inmóviles frente a la cámara.

El propio Art Kane recordaría las dificultades de aquella sesión. Según su testimonio, intentar controlar a un grupo de 57 músicos era prácticamente imposible: mientras él intentaba organizarlos, ellos estaban pendientes de sus propios compañeros.

La escena tiene además un componente humano que explica buena parte del atractivo de las imágenes. Los músicos no se comportan como figuras solemnes. Bromean, se reconocen, hablan entre ellos y aprovechan el encuentro para relacionarse. La fotografía terminaría ocultando parcialmente ese movimiento y esa informalidad; la película de los Hinton los devuelve. Una reunión de generaciones La importancia histórica de la imagen reside también en quiénes aparecen juntos.

En 1958 convivían en Nueva York músicos formados en épocas muy diferentes. Count Basie y Lester Young representaban una generación fundamental del swing. Coleman Hawkins pertenecía a una generación todavía anterior y había sido decisivo para la evolución del saxofón tenor. Dizzy Gillespie y Thelonious Monk estaban asociados a la revolución del bebop. Art Blakey, Horace Silver y otros músicos de su generación participaban del desarrollo del jazz moderno de los años cincuenta. Sonny Rollins y Benny Golson representaban una generación más joven que estaba desarrollando sus propias respuestas dentro de ese nuevo lenguaje. Por eso la fotografía posee un valor que supera la simple reunión de celebridades. En una sola imagen aparecen músicos que habían contribuido a construir distintas etapas de la historia del jazz y músicos que todavía estaban desarrollando su propia voz. La lista incluye además figuras que permiten ampliar la mirada más allá de los nombres habitualmente repetidos en las historias del género. Mary Lou Williams, por ejemplo, aparece como una de las figuras fundamentales de la composición y el arreglo dentro del jazz; Milt Hinton pertenece a la historia del contrabajo y de las grandes orquestas; Marian McPartland representa otra presencia significativa dentro de aquella comunidad musical.

La fotografía, en definitiva, no muestra un estilo único. Muestra una escena musical completa. Jean Bach y la recuperación de una memoria Más de treinta años después, la periodista, productora de radio y apasionada del jazz Jean Bach decidió reconstruir aquella jornada. El resultado fue A Great Day in Harlem, documental estrenado en 1994 y posteriormente nominado al Oscar como mejor largometraje documental. Bach combinó la fotografía de Art Kane con el material de 8 mm de los Hinton, imágenes de archivo, actuaciones históricas y entrevistas con músicos que habían participado en la sesión.

La colección conservada actualmente por la New York Public Library permite conocer la dimensión de aquella investigación. Contiene 64 grabaciones correspondientes a 33 entrevistas realizadas entre 1989 y 1996. Entre los músicos entrevistados estuvieron Art Blakey, Dizzy Gillespie, Benny Golson, Johnny Griffin, Milt Hinton, Hank Jones, Marian McPartland, Gerry Mulligan, Sonny Rollins, Sahib Shihab y Horace Silver, además de otros participantes, familiares, amigos y personas vinculadas a Esquire.

Esto es importante porque permite comprender correctamente las voces que escuchamos en el documental. No se trata de una conversación registrada entre todos los músicos durante la mañana de 1958. El documental combina el material cinematográfico original de aquella jornada con entrevistas realizadas décadas después. La película construye su relato mediante el montaje de esas dos temporalidades.

Bach utilizó las entrevistas para hacer que los músicos hablaran de sus compañeros. Una característica particularmente interesante de su método fue que, cuando los entrevistados no recordaban detalles concretos de la fotografía, los llevaba a hablar de otros músicos que aparecían en ella. Entre ellos, Thelonious Monk se convirtió en un tema recurrente. De esta manera, el documental no funciona como una simple explicación de cómo se hizo una fotografía. Es también una historia oral de una generación del jazz.

Hablar de los que ya no estaban Ese aspecto le da al documental una dimensión especialmente emotiva. Cuando Jean Bach realizó sus entrevistas, muchos de los músicos fotografiados en 1958 ya habían muerto. Los sobrevivientes hablaban entonces de colegas, amigos, maestros y compañeros de trabajo que ya no podían ofrecer su propio testimonio. Así aparecen en las conversaciones Monk, Lester Young, Coleman Hawkins, Roy Eldridge, Count Basie, Charles Mingus y otros, no solamente como nombres de una fotografía sino como personas recordadas por quienes compartieron con ellos escenarios, estudios y noches de trabajo.

El documental permite escuchar esa memoria desde dentro del propio ambiente jazzístico. Sonny Rollins, por ejemplo, pertenecía a la generación más joven de la fotografía. Para él, aquella reunión tenía un significado particular: aparecía junto a músicos que había escuchado y admirado durante su formación. En la fotografía quedan, de este modo, reunidos maestros y discípulos, generaciones anteriores y músicos que comenzaban a ocupar su propio lugar. Una fotografía de un Harlem que estaba cambiando Existe además una paradoja histórica. En 1958, Harlem ya no ocupaba exactamente el mismo lugar que había tenido en la vida del jazz durante las décadas anteriores. Muchos músicos que habían vivido o trabajado allí se habían desplazado hacia otras zonas de Nueva York. La propia fotografía, por lo tanto, puede ser entendida como el registro de una comunidad que seguía existiendo, aunque el mapa de la actividad jazzística de la ciudad ya había comenzado a modificarse.

Eso no disminuye su valor. Al contrario. La imagen terminó reuniendo a músicos que difícilmente volverían a aparecer juntos en semejantes condiciones. Fue un momento excepcional y, retrospectivamente, irrepetible. De la fotografía al documento histórico Cuando Esquire publicó la imagen en enero de 1959, probablemente nadie podía imaginar el lugar que ocuparía en la historia del jazz. Art Kane era todavía un fotógrafo joven. La sesión había sido una apuesta de la revista. La convocatoria podía haber fracasado. Los músicos podían no haber aparecido. Incluso después de reunirlos, Kane tuvo que enfrentarse al problema de hacer posar juntos a 57 personalidades acostumbradas a una vida nocturna y a una dinámica profesional muy diferente. Sin embargo, funcionó.

La fotografía se convirtió en un documento extraordinario porque consiguió algo que las historias escritas difícilmente pueden reproducir: poner frente a nuestros ojos a varias generaciones de músicos que normalmente estudiamos por separado. Y las imágenes de Milt y Mona Hinton agregaron algo todavía más raro: movimiento.

Gracias a aquella pequeña cámara de 8 mm podemos ver cómo era el encuentro antes de que se transformara en fotografía. Podemos observar los gestos, los desplazamientos, las conversaciones y el humor. La historia deja de ser solamente una imagen fija y recupera su dimensión temporal. El último capítulo Durante décadas, Sonny Rollins fue el último músico sobreviviente de aquella fotografía. La muerte de Benny Golson en septiembre de 2024 había dejado a Rollins como el último músico adulto de la imagen que permanecía con vida. Rollins falleció el 25 de mayo de 2026, a los 95 años. Con su muerte desapareció también el último testigo vivo entre los músicos adultos que participaron en aquella fotografía histórica.Ese hecho modifica nuevamente el significado de la imagen.

Ya no podemos escuchar a ninguno de aquellos 57 músicos hablar en presente sobre aquella mañana. Lo que permanece son sus grabaciones, sus fotografías, sus discos, las entrevistas conservadas por Jean Bach y, sobre todo, aquellas imágenes de 8 mm filmadas por Milt y Mona Hinton. Por eso A Great Day in Harlem es hoy mucho más que una fotografía famosa.

Es una fuente documental sobre una generación del jazz. Art Kane conservó sus rostros.
Milt y Mona Hinton conservaron sus movimientos. Jean Bach recuperó sus voces. Y entre los tres registros —fotografía, película y memoria oral— quedó preservada una mañana de agosto de 1958 que difícilmente volverá a repetirse. Cincuenta y siete músicos llegaron a una calle de Harlem para una fotografía. Sin saberlo, estaban dejando uno de los documentos visuales y sonoros más importantes de la historia del jazz.

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