
Para acercarse a John Coltrane hay que escuchar su música, pero también detenerse en sus palabras. Detrás del saxofonista que transformó el lenguaje del jazz había un hombre atravesado por una profunda búsqueda espiritual, una búsqueda que terminó ocupando un lugar central en su manera de entender la vida y la música. En 1957, vivió una experiencia que él mismo describió como un despertar espiritual. A partir de entonces comenzó a mirar su relación con la música de otra manera. Ya no se trataba solamente de tocar, de improvisar o de alcanzar nuevas posibilidades expresivas. La música podía convertirse también en una forma de agradecimiento.
Esa idea está en el corazón de A Love Supreme, grabado en diciembre de 1964 y publicado al año siguiente. El álbum nació de una necesidad íntima: agradecer a Dios por una transformación que Coltrane consideraba decisiva en su vida. Por eso, detrás de la extraordinaria complejidad musical de la obra existe algo mucho más sencillo y profundamente humano: un hombre que encontró en la música una manera de decir gracias. No escribió estas palabras desde la distancia de alguien que cree haber llegado a una respuesta definitiva. Habla de sus dificultades, de sus dudas, de su dependencia de Dios y de su deseo de ayudar a otros a través de aquello que sabía hacer: tocar.
Quizás por eso este texto resulta tan importante para comprender A Love Supreme. Nos permite entrar, aunque sea por un instante, en la intimidad de un artista que entendía su creación no como una demostración de virtuosismo, sino como una ofrenda.
Estas son las palabras que John Coltrane escribió para acompañar aquel álbum.
Lo que escribió Coltrane
A ustedes que van a escuchar: ALABADO SEA DIOS, A QUIEN CORRESPONDE TODA ALABANZA. Sigámoslo por el camino virtuoso. Sí, esto es verdad: «Busca y encontrarás». Solo a través de Él encontramos la más maravillosa de las armonías.
Durante el año 1957 experimenté, gracias a Dios, un despertar espiritual que me condujo hacia una vida más rica, más plena y más productiva. En aquel momento, para poder agradecérselo, humildemente pedí que me fueran concedidos los medios y el privilegio de hacer felices a las personas a través de la música. Creo que me fue concedido por Su gracia. ALABADO SEA DIOS.
Después, prevaleció un período de indecisión. Atravesé una etapa contraria a mi deseo, pero gracias sean dadas a Él: mediante la ayuda infalible de Dios, pude percibir verdaderamente SU OMNIPOTENCIA y quedé convencido de ella, así como de nuestra necesidad de Él y de nuestra dependencia de Él.
Ahora quisiera decirles: NO IMPORTA, CON DIOS. ÉL ES GRACIA Y MISERICORDIA. SU CAMINO PASA POR EL AMOR, EN EL QUE TODOS ESTAMOS. ES REALMENTE UN AMOR SUPREMO.
Este álbum es una humilde ofrenda para Él. Un intento de agradecerle mediante nuestro trabajo, tal como lo hacemos con el corazón y con la palabra. Que Él pueda ayudar y fortalecer a todos los hombres en cada uno de sus esfuerzos. Para terminar, quisiera agradecer a los músicos cuyo talento aprecio y valoro, y que han contribuido a la realización de este álbum y de trabajos anteriores. Elvin, James y McCoy, quisiera agradecerles todo lo que entregan cada vez que tocan.
También quisiera agradecer a Archie Shepp (saxofón tenor) y Art Davis (contrabajo), quienes grabaron una pieza que, lamentablemente, no puede ser publicada esta vez. Les expreso mi más profundo reconocimiento por su contribución a la música del pasado y del presente. En un futuro cercano, espero que podamos profundizar el trabajo que aquí hemos comenzado.
Gracias al productor Bob Thiele; al ingeniero de sonido Rudy Van Gelder y a todo el equipo de ABC-Paramount.
Que nunca olvidemos que, bajo el sol de nuestra vida, a través de los vientos y las mareas —todo es Dios, de todas las maneras y para siempre. ALABADO SEA DIOS.
Con mi amor para todos, les doy las gracias.
J. C.
Escuchar después de leer
Después de leer estas palabras, resulta difícil volver a A Love Supreme exactamente de la misma manera. La música no cambia, pero cambia nuestra escucha. El famoso motivo vocal de A Love Supreme, la insistencia rítmica de Acknowledgement, la búsqueda melódica de Resolution, la intensidad de Pursuance y la dimensión contemplativa de Psalm pueden adquirir otro significado cuando conocemos aquello que Coltrane estaba intentando expresar. La obra deja de aparecer solamente como uno de los grandes momentos de la historia del jazz y comienza a revelar también algo de la persona que la creó. En cada una de sus partes existe una tensión entre disciplina y libertad, entre estructura e improvisación, entre aquello que está cuidadosamente construido y aquello que nace en el instante. En Psalm, esa búsqueda alcanza un punto especialmente conmovedor. Coltrane lleva al saxofón el texto de su plegaria y hace que el instrumento parezca pronunciar aquello que las palabras ya no necesitan decir. No estamos simplemente frente a una melodía interpretada sobre una estructura armónica. El saxofón parece hablar, recitar, respirar.
Es una de las características que hacen tan singular a Coltrane: no utiliza la música únicamente para hablar sobre una experiencia espiritual. Intenta convertir esa experiencia en sonido. Por eso A Love Supreme resulta difícil de encerrar dentro de una sola definición. Es jazz, improvisación, composición, exploración armónica y tímbrica. Pero también es una declaración íntima. Una búsqueda personal transformada en música y compartida con quienes quisieran escucharla.
Quizás allí se encuentre una de las claves de su permanencia. Coltrane no nos entrega una respuesta cerrada. Nos deja escuchar el camino que recorrió para encontrarla. Y ese camino comienza, de una manera sencilla, con una palabra que atraviesa todo el álbum: agradecimiento. Un hombre frente a su música. Un saxofón frente al silencio. Y una necesidad profunda de decir, a través de ambos: A Love Supreme. Por Marcelo Bettoni