
Este 2026 se cumplen 100 años del nacimiento de John Coltrane. Una fecha que, para quienes amamos el jazz, no puede pasar inadvertida. Nació el 23 de septiembre de 1926 y, a lo largo de estos dos meses, voy a ir compartiendo en estas páginas distintos materiales, historias, documentos y aspectos de su obra que nos permitan acercarnos un poco más a uno de los músicos que transformaron para siempre la historia del jazz.
Coltrane es uno de esos músicos a los que uno puede volver una y otra vez y siempre encontrar algo nuevo. En mi caso, su música me sigue provocando esa mezcla de admiración y curiosidad que producen los grandes artistas: cuanto más creo conocerla, más preguntas aparecen. Por eso este centenario es también una oportunidad para volver a escucharlo, investigar algunos episodios de su vida y detenernos en detalles que quizás pasaron inadvertidos en nuestras primeras escuchas. No pretendo solamente recordar a Coltrane. Quiero volver a escucharlo y compartir con ustedes aquello que vaya encontrando en el camino.
Uno de ellos está en “Psalm”, la cuarta y última parte de A Love Supreme. Hay descubrimientos que aparecen mientras uno investiga y que, después de conocerlos, modifican para siempre la manera de escuchar una música. Eso me ocurrió con “Psalm”. Durante mucho tiempo escuché esa pieza como una larga y profunda improvisación. Pero detrás de esas frases había algo más. Coltrane estaba diciendo un texto. No con su voz. Con el saxofón.
El musicólogo Lewis Porter estudió este procedimiento y, a partir de la transcripción de la interpretación, mostró la relación entre las palabras del poema escrito por Coltrane y lo que toca en “Psalm”. La melodía del saxofón sigue el texto de manera tan precisa que la interpretación puede entenderse como una especie de recitación instrumental: Coltrane está pronunciando el poema sin utilizar palabras audibles (Porter, 1998). La propia Library of Congress, en el ensayo de Porter incluido al incorporar A Love Supreme al National Recording Registry, destaca la existencia de ese poema y su relación con la obra.
Esto modifica por completo nuestra manera de escuchar el tema. El poema es una oración. Coltrane habla de Dios, de la gratitud, del miedo, de las debilidades humanas, del perdón y de la posibilidad de encontrar una unidad detrás de todas las cosas. Hacia el final aparecen tres palabras que resumen buena parte de su pensamiento: “Elation — Elegance — Exaltation”. La música no ilustra simplemente esas palabras. Las convierte en sonido.
Aquí aparece una de las características que más me interesan de Coltrane: la relación entre pensamiento y ejecución. El saxofón deja de ser solamente un instrumento melódico y se transforma en una voz. Pero no en una voz que canta un texto de manera literal. Coltrane encuentra otra forma de pronunciarlo. Cada frase musical parece adquirir el peso de una palabra, una respiración o una oración. Por eso “Psalm” plantea una pregunta interesante acerca de qué significa improvisar.
Estamos acostumbrados a pensar la improvisación como el momento en que un músico inventa algo que no estaba escrito. En Coltrane ocurre algo diferente. La música parece espontánea, pero detrás de ella existe una organización extremadamente precisa. El músico tiene un texto, una idea, una intención expresiva y una serie de decisiones musicales que deben suceder en tiempo real. Es justamente aquí donde la improvisación revela su dimensión intelectual.
Coltrane no necesita elegir entre composición e improvisación. En “Psalm” ambas cosas conviven. El poema funciona como una estructura que no siempre podemos escuchar de manera consciente, pero que organiza el discurso del saxofón. Lo escrito no desaparece cuando comienza la improvisación: se convierte en materia para pensar.
A Love Supreme fue grabado el 9 de diciembre de 1964 en los estudios de Rudy Van Gelder, en Englewood Cliffs, Nueva Jersey, con el célebre cuarteto formado por McCoy Tyner, Jimmy Garrison y Elvin Jones. La suite quedó organizada en cuatro partes: “Acknowledgement”, “Resolution”, “Pursuance” y “Psalm”. La Library of Congress describe la obra como un trabajo profundamente espiritual y señala que Coltrane había llegado a considerar su música como una extensión de sus convicciones religiosas. Pero la historia se vuelve todavía más interesante cuando seguimos el recorrido de “Psalm” fuera del disco.
El 24 de abril de 1966, Coltrane participó en un concierto en el St. Gregory’s School Hall de Brooklyn anunciado como “Jazz Concert – Religious Theme”. La documentación discográfica registra para esa presentación a John Coltrane, Pharoah Sanders, Alice McLeod, Jimmy Garrison y Rashied Ali. Era ya el Coltrane de una etapa diferente, cada vez más alejada de la sonoridad de su famoso cuarteto y orientada hacia una música más abierta, intensa y experimental. Ese contexto resulta significativo. Coltrane ya no estaba explorando solamente nuevas posibilidades armónicas. Estaba buscando otra relación entre música, experiencia espiritual y expresión personal. A Love Supreme había nacido de esa búsqueda.
El propio Coltrane había explicado en las notas del álbum la importancia que tuvo para él una experiencia espiritual ocurrida en 1957. Por eso la dimensión religiosa de A Love Supreme no fue una interpretación construida posteriormente por los críticos. Formaba parte de la manera en que el propio músico comprendía su vida y su trabajo. La Library of Congress confirma esta dimensión espiritual de la obra. Pero quizás el episodio más conmovedor ocurrió después de su muerte.
John Coltrane murió el 17 de julio de 1967. Cuatro días más tarde, el 21 de julio, se realizó su funeral en St. Peter’s Lutheran Church, en Nueva York. El programa original de aquella ceremonia se conserva actualmente en las Syracuse University Libraries. El documento confirma que el trompetista Calvin “Cal” Massey, amigo de juventud de Coltrane, leyó el poema “A Love Supreme”. También figuran entre los participantes el Albert Ayler Quintet y el Ornette Coleman Quartet. La ceremonia estuvo presidida por el pastor John Garcia Gensel, conocido por su estrecha relación con la comunidad del jazz de Nueva York.
La elección de esos músicos tampoco parece un detalle menor. Ayler y Coleman representaban, desde lugares diferentes, algunas de las formas más radicales que estaba tomando el jazz en aquellos años. Que sus grupos formaran parte de la despedida de Coltrane muestra hasta qué punto aquella ceremonia también reflejaba el momento de transformación que atravesaba el jazz. Y en el centro de esa ceremonia estaba nuevamente el poema. Las palabras que Coltrane había escrito para A Love Supreme habían dejado de pertenecer solamente al interior de un disco. Ahora eran pronunciadas ante quienes habían conocido al músico, ante colegas y amigos, y ante una comunidad que entendía que aquella música había sido también una forma de búsqueda espiritual.
Hay algo profundamente coherente en esa historia. Coltrane había escrito un poema y después había encontrado la manera de tocarlo. Después de su muerte, un amigo tuvo que devolverle la voz con palabras. Quizás allí esté una de las claves para comprender A Love Supreme. No se trata únicamente de una obra religiosa ni solamente de una de las grandes grabaciones de la historia del jazz. Es también un experimento sobre los límites del lenguaje musical. ¿Qué ocurre cuando una palabra ya no alcanza y el sonido debe ocupar su lugar?
En “Psalm”, el saxofón no acompaña al poema. El saxofón es el poema. Y esa diferencia es enorme. Porque cuando escuchamos nuevamente la cuarta parte de A Love Supreme sabiendo esto, cambia nuestra percepción. Aquellas largas frases, los silencios, los cambios de registro y las inflexiones del instrumento ya no aparecen solamente como una improvisación libre. Podemos imaginar detrás de cada gesto una palabra, una respiración, una oración.
Coltrane no está simplemente hablando sobre Dios. Está intentando hablar con Él. Y para hacerlo eligió el lenguaje que mejor conocía: el sonido. Quizás por eso A Love Supreme continúa provocando algo que pocas obras consiguen provocar después de tantos años. No necesitamos compartir exactamente las creencias religiosas de Coltrane para comprender la intensidad de su búsqueda. Porque en el fondo hay algo universal en esa búsqueda:el miedo, la gratitud, la necesidad de comprender, el deseo de encontrar un sentido, y la necesidad de expresar algo que, en determinado momento, las palabras ya no pueden contener. Coltrane encontró su respuesta en el sonido. Escribió un poema. Después lo tocó. Y cuando murió, otros volvieron a decirlo con palabras.
Para mí, ahí está una de las imágenes más poderosas que nos dejó A Love Supreme: un músico que llegó a un punto en el que el saxofón dejó de ser solamente un instrumento. Se convirtió en su voz. Y esa voz, en “Psalm”, estaba rezando.
El poema de John Coltrane
Traducción al castellano
Haré todo lo que pueda para ser digno de Ti, oh Señor.
Todo tiene que ver con ello.
Gracias, Dios.
Paz. No hay otro.
Dios es. Es tan hermoso.
Gracias, Dios. Dios es todo.
Ayúdanos a resolver nuestros miedos y nuestras debilidades.
En Ti todo es posible.
Gracias, Dios.
Lo sabemos. Dios nos hizo así.
Mantén tus ojos puestos en Dios.
Dios es. Siempre fue. Siempre será.
No importa qué… es Dios.
Él es bondadoso y misericordioso.
Es de la mayor importancia que yo Te conozca.
Palabras, sonidos, voces, hombres, memoria, pensamientos,
miedos y emociones —tiempo—, todo está relacionado…
todo hecho de Uno… todo hecho en Uno.
Bendito sea Su Nombre.
Ondas de pensamiento, ondas de calor, todas las vibraciones,
todos los caminos conducen a Dios.
Gracias, Dios.
Su camino… es tan hermoso… es bondadoso.
Es misericordioso. Gracias, Dios.
Un pensamiento puede producir millones de vibraciones
y todas regresan a Dios… todo lo hace.
Gracias, Dios.
No tengas miedo… cree… gracias, Dios.
El universo tiene muchas maravillas. Dios es todo.
Su camino… es tan maravilloso.
Pensamientos, actos, vibraciones,
todo regresa a Dios y Él purifica todo.
Él es bondadoso y misericordioso… gracias, Dios.
Gloria a Dios… Dios está tan vivo.
Dios es.
Dios ama.
Que pueda ser aceptado ante Tu presencia.
Todos somos uno en Su gracia.
El hecho de que realmente existamos
es reconocimiento de Ti, oh Señor.
Gracias, Dios.
Dios secará todas nuestras lágrimas…
Siempre lo ha hecho…
Siempre lo hará.
Búscalo cada día. De todas las maneras, busca a Dios cada día.
Cantemos todas nuestras canciones a Dios,
a quien corresponde toda alabanza… alabemos a Dios.
Ningún camino es fácil, pero todos
regresan a Dios.
Con todo, compartimos a Dios.
Todo está con Dios.
Todo está contigo.
Obedece al Señor.
Bendito sea Él.
Todos provenimos de una sola cosa… la voluntad de Dios…
Gracias, Dios.
He visto a Dios —he visto lo que no es Dios—,
nadie puede ser más grande,
nadie puede compararse con Dios.
Gracias, Dios.
Él nos rehacerá… siempre lo ha hecho
y siempre lo hará.
Es verdad… bendito sea Su Nombre… gracias, Dios.
Dios respira a través de nosotros tan completamente…
tan suavemente que apenas lo sentimos…
y, sin embargo, Él es nuestro todo.
Gracias, Dios.
ALEGRÍA — ELEGANCIA — EXALTACIÓN
Todo viene de Dios.
Gracias, Dios.
Amén.
John Coltrane — diciembre de 1964