La historia del jazz está llena de nombres que se transformaron en símbolos universales. Sin embargo, detrás de las grandes figuras existen músicos que, aunque no alcanzaron la misma fama, fueron verdaderos exploradores de nuevos territorios sonoros. Alberto Socarrás pertenece a esa categoría: un artista que abrió caminos antes de que muchos entendieran hacia dónde se dirigía el jazz.

Cuando se habla de la flauta en el jazz, suelen aparecer nombres como Frank Wess, Eric Dolphy, Herbie Mann o Hubert Laws. Pero décadas antes de ellos, un músico cubano ya había demostrado que la flauta podía integrarse al lenguaje de la improvisación jazzística.

Alberto Socarrás nació en Manzanillo, Cuba, en 1908. Su formación fue poco habitual para un músico de jazz de su época: estudió en el Conservatorio de La Habana y recibió una preparación vinculada a la música clásica europea. Esa formación le permitió dominar la flauta con una técnica refinada, pero al mismo tiempo creció rodeado de la riqueza rítmica de la cultura afrocubana.

Un dato poco conocido es que Socarrás llegó a Estados Unidos en un momento decisivo: la década de 1920 y 1930, cuando Nueva York comenzaba a convertirse en un enorme laboratorio musical. En Harlem convivían las orquestas de swing, los músicos afroamericanos provenientes del sur, los artistas caribeños y las nuevas expresiones urbanas.

Allí ocurrió algo fundamental: Socarrás no llegó solamente como un intérprete cubano que buscaba incorporarse al jazz estadounidense. Llegó con una experiencia cultural que ayudó a modificar ese mismo lenguaje.

En 1927 participó en grabaciones junto a Clarence Williams, uno de los grandes organizadores del primer jazz de Nueva Orleans trasladado a Nueva York. Sus intervenciones de flauta están entre los primeros registros de este instrumento dentro del jazz, en una época en la que la flauta todavía era considerada un instrumento secundario dentro del género.

Otro aspecto poco difundido es que Socarrás fue un adelantado de la futura relación entre el jazz y las músicas latinas. Mucho antes de la explosión del mambo, del cubop y del Latin Jazz de los años cuarenta y cincuenta, músicos como él ya estaban creando puentes entre las estructuras rítmicas cubanas y la improvisación del jazz.

Su grabación “The Rumba Jumps” (1937) es un ejemplo de esa búsqueda. No se trata simplemente de agregar un ritmo latino al jazz, sino de una verdadera conversación entre dos lenguajes musicales que tenían raíces comunes en la diáspora africana.

La historia posterior del jazz latino, con figuras como Mario Bauzá, Chano Pozo y Dizzy Gillespie, suele ocupar más espacio en los libros. Pero Socarrás representa una etapa anterior: la del músico que prepara el terreno, que experimenta cuando todavía no existe una etiqueta para definir lo que está haciendo.

También resulta llamativo que, a pesar de su importancia histórica, su nombre haya quedado parcialmente oculto. Una de las razones es que muchas narraciones del jazz fueron construidas alrededor de grandes solistas estadounidenses, dejando en segundo plano a aquellos músicos que actuaron como puentes culturales.

Revisar la trayectoria de Alberto Socarrás nos recuerda que el jazz no nació de una sola raíz. Fue una música construida por viajes, migraciones y encuentros. La flauta de este músico cubano nos habla de Nueva Orleans, La Habana y Harlem como espacios conectados por una misma historia.

En las rutas del jazz existen caminos principales y caminos secretos. Alberto Socarrás pertenece a estos últimos: un músico que, mucho antes de que el mundo reconociera la riqueza del diálogo entre el jazz y el Caribe, ya estaba escribiendo esa historia. Por Marcelo Bettoni

Bibliografía

– Gioia, Ted. The History of Jazz. Oxford University Press, 1997.

– Kernfeld, Barry (ed.). The New Grove Dictionary of Jazz. Oxford University Press.

– Roberts, John Storm. The Latin Tinge: The Impact of Latin American Music on the United States. Oxford University Press, 1999.

– Yanow, Scott. Jazz on Film: The Complete Story of the Musicians & Music Onscreen. Backbeat Books, 2004.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

74 + = 76
Powered by MathCaptcha