Por Marcelo Bettoni

Cuando se habla de los or├¡genes de la m├║sica estadounidense, la atenci├│n suele dirigirse hacia el blues, el jazz o el country. Sin embargo, mucho antes de que estos g├®neros adquirieran identidad propia, ya exist├¡a un espacio donde distintas tradiciones musicales comenzaban a mezclarse: las bandas de cuerdas afroamericanas (African American Old-Time String Bands). Durante d├®cadas, su aporte qued├│ relegado de los relatos oficiales, pero las investigaciones hist├│ricas de los ├║ltimos a├▒os han demostrado que fueron protagonistas de uno de los encuentros culturales m├ís importantes de la historia de Estados Unidos. A partir del siglo XVIII, los inmigrantes escoceses e irlandeses llevaron al sur de Estados Unidos el viol├¡n ÔÇöo fiddleÔÇö y un amplio repertorio de melod├¡as para el baile. Al mismo tiempo, los africanos esclavizados llegaron con una extraordinaria riqueza r├¡tmica, formas particulares de cantar y el conocimiento de construir y tocar instrumentos de cuerda que, con el tiempo, dar├¡an origen al banjo moderno.
Lejos de desarrollarse por separado, ambas tradiciones comenzaron a encontrarse en plantaciones, ferias, fiestas populares y reuniones comunitarias. All├¡ naci├│ un intercambio musical que cambiar├¡a para siempre el paisaje sonoro del pa├¡s. En muchas plantaciones, los propietarios obligaban a los m├║sicos esclavizados a tocar durante bailes y celebraciones. Aquellos violinistas y banjoistas no solo animaban las fiestas de la poblaci├│n afroamericana, sino tambi├®n reuniones sociales de las familias blancas. Sin propon├®rselo, se convirtieron en transmisores de repertorios, ritmos y formas de interpretar la m├║sica que influir├¡an en generaciones de m├║sicos de ambos or├¡genes.
Las primeras bandas de cuerdas pod├¡an estar integradas por viol├¡n y banjo, aunque tambi├®n incorporaban guitarra, percusi├│n, p├¡fanos o tambores, seg├║n la regi├│n. Su objetivo era sencillo: hacer bailar a la gente. Pero detr├ís de esa aparente simplicidad se estaba produciendo un profundo intercambio cultural. Durante mucho tiempo se crey├│ que el banjo era un instrumento nacido en los espect├ículos de minstrelsy del siglo XIX. Hoy sabemos que su historia comenz├│ mucho antes. Sus antecesores exist├¡an desde hac├¡a siglos en ├üfrica Occidental, donde se constru├¡an instrumentos con calabazas, pieles tensadas y m├ístiles de madera. Los africanos esclavizados preservaron esos conocimientos y adaptaron los materiales disponibles en Am├®rica. M├ís tarde, numerosos m├║sicos blancos aprendieron a tocar el banjo directamente de int├®rpretes afroamericanos.
A diferencia de la imagen que suele transmitir la historia oficial, estas bandas no interpretaban ├║nicamente melod├¡as tradicionales. Combinaban m├║sica para el baile, improvisaci├│n, ritmos sincopados, canciones populares y formas vocales heredadas de ├üfrica. Esa libertad interpretativa anticipaba rasgos que d├®cadas m├ís tarde ser├¡an fundamentales para el desarrollo del jazz.
Sin embargo, cuando la industria discogr├ífica comenz├│ a expandirse a principios del siglo XX, la segregaci├│n racial tambi├®n alcanz├│ a la m├║sica. Las compa├▒├¡as clasificaban sus cat├ílogos en “race records”, destinados al p├║blico afroamericano, y “hillbilly records”, orientados al p├║blico blanco. Las bandas negras de m├║sica tradicional de cuerdas no encajaban en ninguna de esas categor├¡as. Como consecuencia, muchas nunca fueron grabadas y otras quedaron fuera de los cat├ílogos comerciales. La escasez de registros sonoros llev├│ durante d├®cadas a la falsa idea de que la m├║sica tradicional de cuerdas era una expresi├│n exclusivamente blanca. Hoy sabemos que ocurri├│ exactamente lo contrario: la ausencia de grabaciones refleja las limitaciones impuestas por una industria atravesada por la segregaci├│n, no la falta de m├║sicos afroamericanos.
A pesar de ese silenciamiento, la tradici├│n nunca desapareci├│. Int├®rpretes como Joe Thompson, Dink Roberts, Howard Armstrong, Carl Martin, Nathan Frazier, Butch Cage y Elizabeth Cotten conservaron un repertorio transmitido de generaci├│n en generaci├│n. D├®cadas m├ís tarde, grupos como Carolina Chocolate Drops y Ebony Hillbillies recuperaron ese legado y lo acercaron a nuevas audiencias, demostrando que esta historia segu├¡a viva. Comprender el papel de las bandas de cuerdas afroamericanas tambi├®n permite entender mejor el nacimiento del jazz. Mucho antes de que Nueva Orleans se convirtiera en el gran laboratorio musical del siglo XX, ya exist├¡an espacios donde m├║sicos negros y blancos compart├¡an instrumentos, repertorios y formas de interpretar la m├║sica. Aquellos encuentros sembraron las bases de una tradici├│n caracterizada por la improvisaci├│n, el di├ílogo entre culturas y la permanente transformaci├│n del lenguaje musical.
La historia de las African American Old-Time String Bands nos recuerda que la música nunca nace en aislamiento. Surge del encuentro entre pueblos, de los intercambios cotidianos y de la capacidad humana para transformar experiencias compartidas en nuevas formas de expresión. Reconocer el aporte de estas bandas no significa reescribir la historia de la música estadounidense, sino completarla. Porque detrás del sonido del banjo, del violín rural y de muchas melodías que hoy asociamos con el country, el bluegrass e incluso el jazz, late una herencia afroamericana que durante demasiado tiempo permaneció en silencio. Podes ampliar información en mi libro Las Rutas del Jazz
Bibliografia
Bettoni Marcelo .Las Rutas del jazz .Editorial Publiquemos (2025)
Chris Durman, African American Old-Time String Band Music: A Selective Discography (2008).
Cecelia Conway, African Banjo Echoes in Appalachia: A Study of Folk Traditions (University of Tennessee Press, 1995).
Dena J. Epstein, Sinful Tunes and Spirituals: Black Folk Music to the Civil War (University of Illinois Press, 1977).
Charles Wolfe, “Rural Black String Band Music”, Black Music Research Journal.