
Cuando se habla del nacimiento del jazz, la historia suele centrarse en Nueva Orleans. Sin embargo, para comprender realmente cómo surgió esta música es necesario mirar hacia el sur, cruzar el Golfo de México y detenerse en La Habana. Durante más de dos siglos, ambas ciudades estuvieron unidas por rutas marítimas, intercambios comerciales, migraciones y un constante flujo cultural que moldeó buena parte de la identidad musical del continente.Lejos de ser dos mundos aislados, La Habana y Nueva Orleans funcionaron como ciudades hermanas. Los barcos que transportaban mercancías también llevaban ritmos, instrumentos, bailes y formas de entender la música. Ese intercambio dejó una huella profunda que Durante gran parte del período colonial, Luisiana estuvo bajo dominio español (1763-1803). En aquellos años, La Habana era uno de los puertos más importantes del Imperio español y superaba en población e importancia económica a cualquier ciudad angloparlante de Norteamérica.La corriente del Golfo convertía la navegación entre La Habana, Veracruz y Nueva Orleans en una ruta relativamente rápida y constante. Por esa vía circulaban azúcar, tabaco, café, harina, madera y esclavos africanos, pero también viajaban músicos, marineros, soldados, comerciantes y familias enteras que compartían sus tradiciones musicales.La relación fue tan intensa que durante casi doscientos años ambas ciudades desarrollaron una identidad cultural parcialmente compartida.
Mucho antes de que existiera el jazz, La Habana ya era un extraordinario punto de encuentro entre Europa, África y América.Desde comienzos del siglo XVI llegaron a Cuba miles de africanos esclavizados procedentes de distintas regiones del continente. Cada grupo llevaba consigo tradiciones rítmicas, formas de canto, ceremonias religiosas e instrumentos de percusión que comenzaron a mezclarse con la música española.Ese proceso dio origen a nuevas expresiones criollas donde convivían elementos europeos con patrones rítmicos africanos.Mientras en Inglaterra la palabra drum apenas comenzaba a aparecer en documentos escritos durante el siglo XVI, en Cuba los tambores ya formaban parte de la vida cotidiana de numerosas comunidades afrodescendientes.
La Habana también fue un punto de salida de importantes influencias musicales hacia Europa.Cada año partían desde su puerto los grandes convoyes españoles rumbo a Sevilla transportando metales preciosos provenientes de América. En esos mismos barcos viajaban bailes y músicas que rápidamente despertaron fascinación en la península.Entre ellos sobresalían la zarabanda y la chacona, dos danzas de fuerte influencia afroibérica que terminaron incorporándose al repertorio de la música barroca europea.Compositores como Jean-Baptiste Lully, Henry Purcell, Arcangelo Corelli, Antonio Vivaldi, Georg Friedrich Händel y Johann Sebastian Bach escribirían posteriormente obras basadas en esas formas musicales nacidas del mestizaje americano.La influencia africana ya estaba recorriendo el mundo mucho antes de que existiera el jazz.
Uno de los acontecimientos más decisivos para la historia musical del continente fue la Revolución Haitiana iniciada en 1791.El colapso de Saint-Domingue —la colonia francesa más rica del Caribe— provocó una enorme diáspora de blancos, negros libres y personas esclavizadas hacia distintos territorios. Miles de refugiados llegaron al oriente cubano y, pocos años después, entre 1809 y 1810, varios contingentes se establecieron en Nueva Orleans.Con ellos viajaron nuevas formas de hacer música, repertorios, bailes, prácticas religiosas y una compleja tradición afrocaribeña que terminó integrándose al ambiente cultural de Luisiana.Al mismo tiempo, la desaparición de Haití como principal productor mundial de azúcar favoreció el crecimiento económico de Cuba, que incrementó de manera dramática la importación de personas esclavizadas desde África. Aquello fortaleció aún más la presencia de tradiciones musicales africanas en la isla.
Durante la segunda mitad del siglo XVIII y buena parte del XIX, Nueva Orleans se convirtió en la principal puerta de entrada de las influencias musicales afrocaribeñas hacia los Estados Unidos.No llegaban únicamente melodías.También arribaban formas de acentuar el ritmo, patrones de percusión y maneras diferentes de organizar el tiempo musical que terminarían siendo fundamentales para el desarrollo del ragtime y, posteriormente, del jazz.Entre todos esos aportes sobresale uno en particular: el ritmo conocido como habanera.El compositor Louis Moreau Gottschalk, nacido en Nueva Orleans en 1829 y descendiente de refugiados de Saint-Domingue, desempeñó un papel esencial en la difusión de esos ritmos.Durante sus viajes a Cuba quedó profundamente impresionado por la música local y comenzó a incorporar en sus composiciones el patrón rítmico conocido como habanera o tango.Ese motivo rítmico —simple en apariencia pero extraordinariamente flexible— puede escucharse en obras como Bamboula y Ojos Criollos (Danse Cubaine).Décadas más tarde, Jelly Roll Morton afirmaría que ningún pianista podía tocar verdadero jazz sin incorporar lo que él llamaba el Spanish Tinge (“el matiz español”), una expresión que en realidad hacía referencia a la influencia afrocubana.Morton sostenía que ese ingrediente rítmico era indispensable para darle al jazz su verdadero carácter.El patrón de la habanera no quedó limitado al jazz.
También aparece en la célebre aria de Carmen de Georges Bizet, en numerosas músicas del Caribe y América Latina, y posteriormente influiría en géneros tan diversos como la plena puertorriqueña, el merengue dominicano, el konpa haitiano e incluso algunos patrones rítmicos presentes en la música popular contemporánea.Su permanencia demuestra hasta qué punto los intercambios culturales del Caribe modificaron la historia musical mundial.Durante casi dos siglos, La Habana y Nueva Orleans mantuvieron un intercambio continuo.Ese vínculo comenzó a romperse en 1962 con la imposición del embargo estadounidense contra Cuba.La interrupción del comercio marítimo también redujo considerablemente el intercambio cultural entre ambas ciudades, haciendo que muchas generaciones olvidaran cuánto había influido la música cubana en la vida cotidiana de Nueva Orleans.El jazz no nació únicamente de la tradición afroamericana de los Estados Unidos. También fue el resultado de siglos de encuentros entre África, Europa y el Caribe.
La Habana y Nueva Orleans fueron dos de los escenarios fundamentales de ese proceso. Sus puertos conectaron pueblos, idiomas y culturas; sus calles hicieron convivir tambores africanos, melodías europeas y ritmos caribeños; sus músicos transformaron esas influencias en un nuevo lenguaje sonoro.Comprender esa relación permite entender que el jazz no surgió de un único lugar ni de una sola tradición. Nació del movimiento constante de personas, ideas y músicas a través del Golfo de México, donde durante más de doscientos años La Habana y Nueva Orleans escribieron, juntas, uno de los capítulos más fascinantes de la historia de la música.
Bibliografia
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