Si hubo un lugar donde el jazz dej├│ de ser ├║nicamente una forma musical para convertirse en el epicentro de una revoluci├│n art├¡stica, ese fue The Five Spot Caf├®. Ubicado en 5 Cooper Square, a pasos de Astor Place, en el coraz├│n del East Village de Nueva York, este peque├▒o bar de apenas 75 personas de capacidad se transform├│, entre 1957 y 1962, en uno de los escenarios m├ís influyentes de la historia del jazz moderno (Gioia, 2021; Giddins y DeVeaux, 2018).

Los años cincuenta marcaron un momento extraordinario para la cultura estadounidense. El bebop ya había dejado de ser una revolución para convertirse en el nuevo lenguaje del jazz. Una generación de músicos absorbía las enseñanzas de Charlie Parker y Dizzy Gillespie, mientras otros artistas comenzaban a romper todas las reglas conocidas. Thelonious Monk, Charles Mingus, Miles Davis, John Coltrane, Cecil Taylor y Ornette Coleman no buscaban continuar una tradición: estaban inventando una nueva (DeVeaux, 1997; Gioia, 2021).

Pero esa efervescencia no pertenecía únicamente a la música. En Nueva York florecía la literatura Beat con figuras como Allen Ginsberg, el expresionismo abstracto revolucionaba la pintura con artistas como Mark Rothko, y el teatro exploraba nuevas formas de interpretación con el llamado Method Acting. Todas esas corrientes parecían encontrarse en un mismo punto: el Five Spot (Gioia, Music: A Subversive History, 2019).

Curiosamente, sus propietarios, Joe e Iggy Termini, no eran especialistas en jazz. Eran dos hermanos que administraban un modesto bar y que, despu├®s de escuchar las jam sessions organizadas en el loft de uno de sus clientes, comprendieron que exist├¡a un p├║blico deseoso de un espacio diferente. Compraron un piano, comenzaron a contratar m├║sicos y, casi sin propon├®rselo, terminaron escribiendo una p├ígina fundamental de la historia cultural de Nueva York (Giddins y DeVeaux, 2018; DownBeat Magazine Archive).

El destino tambi├®n jug├│ su papel. Poco antes de la apertura del club, Thelonious Monk recuper├│ su licencia de cabaret, indispensable para actuar legalmente en los clubes nocturnos de Manhattan. Durante a├▒os hab├¡a permanecido alejado de los escenarios debido a problemas derivados de una redada antidrogas en la que intent├│ proteger a su amigo Bud Powell. Su regreso coincidi├│ exactamente con el nacimiento del Five Spot (Gourse, 1997; Hentoff, 1991).

El cuarteto de Monk se convirti├│ r├ípidamente en la gran atracci├│n del club. A su lado aparec├¡a un joven saxofonista llamado John Coltrane, que todav├¡a buscaba dominar el complejo universo arm├│nico del pianista. Cada noche representaba un desaf├¡o distinto. Los asistentes eran testigos de un m├║sico en pleno proceso de transformaci├│n, desarrollando las ideas que pocos a├▒os despu├®s cambiar├¡an definitivamente el lenguaje del jazz (Porter, 1998; Nisenson, 1995).

La atmósfera del Five Spot era distinta a la de cualquier otro club. En sus primeros tiempos no cobraba entrada ni exigía un consumo mínimo, lo que facilitó la llegada de estudiantes, artistas, escritores y músicos. Era habitual encontrar en una misma noche a poetas recitando sus obras, pintores discutiendo sobre arte moderno y algunos de los mejores improvisadores del mundo compartiendo escenario o simplemente escuchando desde una mesa (Gioia, 2021).

No era extraño que Allen Ginsberg leyera poesía mientras, en otra ocasión, Lester Young apareciera con su saxofón. Entre el público podían encontrarse escritores como Norman Mailer, pintores como Mark Rothko y jóvenes músicos que acudían para descubrir hacia dónde se dirigía el jazz (Gioia, Music: A Subversive History, 2019).

Sin embargo, el momento que convirti├│ al Five Spot en una leyenda ocurri├│ en noviembre de 1959. Desde Los ├üngeles lleg├│ un cuarteto liderado por un saxofonista pr├ícticamente desconocido llamado Ornette Coleman. Su propuesta romp├¡a con muchas de las convenciones arm├│nicas que hab├¡an dominado el jazz durante d├®cadas. Aquellas dos semanas de actuaciones provocaron una aut├®ntica conmoci├│n (Litweiler, Ornette Coleman: A Harmolodic Life, 1992).

Las opiniones se dividieron inmediatamente. Algunos consideraban que aquello no era jazz; otros comprendieron que estaban presenciando el nacimiento de una nueva etapa. Entre los asistentes se alineaban numerosos músicos de renombre que acudían noche tras noche para intentar entender lo que estaba sucediendo sobre el escenario. Aquellas presentaciones son consideradas hoy uno de los momentos fundacionales del free jazz (Litweiler, The Freedom Principle, 1984; Feather y Gitler, 2007).

El Five Spot demostró que un pequeño club podía cambiar el rumbo de la historia musical. No necesitó grandes salones ni una infraestructura lujosa. Bastaron un escenario reducido, músicos dispuestos a correr riesgos y un público abierto a escuchar aquello que todavía no tenía nombre (Gioia, 2021).

En 1962, los planes de renovaci├│n urbana del barrio obligaron al cierre del local original. Charles Mingus encabez├│ la ├║ltima presentaci├│n antes de que sus puertas se cerraran definitivamente. Aunque el club reabri├│ poco despu├®s en otra ubicaci├│n cercana y continu├│ funcionando hasta comienzos de la d├®cada de 1970, nunca volvi├│ a recuperar el esp├¡ritu irrepetible que hab├¡a definido sus primeros a├▒os (The New York Times Archive; Institute of Jazz Studies, Rutgers University).

Hoy el Five Spot permanece como un s├¡mbolo de una ├®poca en la que Nueva York era un inmenso laboratorio creativo. All├¡ el jazz conviv├¡a con la poes├¡a, la pintura y la literatura; las ideas circulaban con la misma libertad que las improvisaciones. M├ís que un club, fue un punto de encuentro donde distintas disciplinas art├¡sticas dialogaban entre s├¡ y donde el futuro del jazz se escrib├¡a, noche tras noche, frente a un reducido grupo de privilegiados espectadores (Giddins y DeVeaux, 2018).

Porque algunos lugares no se recuerdan por su tama├▒o, sino por las ideas que nacieron entre sus paredes. Y el Five Spot fue, sin duda, uno de ellos.

Bibliografía

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