
En los primeros años del siglo XX, Nueva Orleans era un laboratorio musical. En sus parques, salones de baile y bares de barrio comenzaba a gestarse un lenguaje nuevo que aún no tenía nombre pero que más tarde el mundo conocería como jazz. En ese escenario emergían dos figuras que representaban tradiciones distintas y, al mismo tiempo, complementarias: Buddy Bolden y John Robichaux.
Hacia 1905, cuando Bolden estaba en la cima de su popularidad, Robichaux era considerado su principal rival musical. Pero el contraste entre ambos no podía ser más evidente. Bolden encarnaba el espíritu de la música afroamericana transmitida de oído: poderosa, improvisada y profundamente ligada a la energía de los bailes populares. Robichaux, en cambio, representaba la tradición criolla educada en conservatorios y academias musicales, donde la lectura de partituras y el repertorio escrito formaban la base de la práctica musical.
Robichaux había nacido en 1866 en Thibodaux, Louisiana, y pertenecía a la comunidad conocida como Creoles of Color, un grupo social que durante el siglo XIX desarrolló una sólida cultura musical de raíz europea. Su formación le permitió integrarse rápidamente al circuito profesional de Nueva Orleans.Cuando llegó a la ciudad en 1891, comenzó tocando batería en la prestigiosa Excelsior Cornet Band de Theogene Baquet. Poco después formó su propia orquesta, que pronto se convirtió en una de las más respetadas de la ciudad.
El músico Manuel Manetta recordaría años más tarde haber escuchado a la banda de Robichaux cuando aún era un niño. Los domingos por la tarde la orquesta tocaba en Lincoln Park, uno de los centros de baile más populares de Nueva Orleans.La jornada musical comenzaba a las cuatro de la tarde y se extendía hasta las siete al aire libre. Después de una pausa para cenar, la banda continuaba tocando dentro del salón de baile desde las ocho de la noche hasta las cuatro de la mañana.
La disciplina musical era estricta. Según Manetta, la banda tocaba prácticamente todo su repertorio desde partituras, incluyendo piezas del célebre compositor de ragtime Scott Joplin. La única obra que interpretaban de oído era la sentimental canción Home Sweet Home.En el otro extremo del espectro musical se encontraba Buddy Bolden. Su banda no dependía de arreglos escritos ni de bibliotecas musicales. Su repertorio se transmitía oralmente y se transformaba en cada actuación.
La música de Bolden no buscaba refinamiento sino impacto. Su cornetín era famoso por su volumen y su intensidad, capaces de hacerse oír a varias cuadras de distancia. Aquellos bailes donde tocaba su banda tenían algo de ritual colectivo: la música era fuerte, repetitiva y profundamente rítmica, diseñada para mantener al público en movimiento durante horas.
La rivalidad entre Bolden y Robichaux era inevitable. En algunos momentos ambos conjuntos llegaron a enfrentarse en verdaderas batallas de bandas, competencias musicales que atraían a grandes multitudes.El guitarrista Bud Scott recordaría una de esas noches en Lincoln Park. Robichaux reforzó su grupo con músicos adicionales, entre ellos el cornetista Manuel Pérez. La banda contaba también con un bajista excepcional, Henry Kimball, a quien Scott consideraba el mejor que había escuchado.
La competencia fue feroz. Según el recuerdo de Scott, Bolden terminó enfurecido al ver la potencia del conjunto rival.En medio de esta rivalidad aparece una pieza clave en la historia temprana del jazz: “The St. Louis Tickle”, un ragtime muy popular a comienzos del siglo XX.
La obra fue publicada por el compositor y arreglador Theron C. Bennett y distribuida por la editorial Victor Kremer Company de Chicago. Como muchas piezas del ragtime, circulaba en arreglos impresos que cualquier banda podía comprar.Sin embargo, el pianista y compositor Jelly Roll Morton sostuvo durante años que esa melodía había sido tomada de la tradición oral de Nueva Orleans y que, en realidad, estaba asociada a Buddy Bolden. La pregunta que surge entonces es inevitable: ¿quién fue realmente el autor de esa música?
El misterio se vuelve aún más interesante cuando se observa otra obra anterior: “The Cakewalk in the Sky”, publicada en 1899 por el compositor y showman de vodevil Ben Harney. Harney fue una figura clave en la difusión del ragtime a fines del siglo XIX. Aunque era un intérprete brillante, su propio editor recordaba que tenía dificultades para escribir en partitura los ritmos que tocaba al piano.
Al comparar el estribillo de The Cakewalk in the Sky con la melodía que Morton publicó décadas después como “Buddy Bolden’s Blues”, aparece una coincidencia notable: ambas comienzan con una frase descendente cromática que baja desde si bemol hasta sol. Este detalle sugiere que la melodía pudo haber circulado durante años entre distintos músicos y repertorios antes de fijarse en una versión definitiva.
Lo que esta historia revela es algo fundamental sobre el nacimiento del jazz. Muchas de sus melodías no pertenecían a un solo autor. Circulaban entre teatros de vodevil, partituras de ragtime y bandas de baile, transformándose en cada contexto. La música pasaba de la partitura al oído y del oído nuevamente a la partitura. En ese proceso participaron músicos tan distintos como Bolden y Robichaux. El primero aportaba la energía improvisada de la tradición afroamericana. El segundo representaba la disciplina musical de la comunidad criolla educada en el repertorio europeo. Entre ambos mundos —la música escrita y la música oral— comenzó a tomar forma el jazz.
No fue una creación individual ni un momento fundacional único. Fue, más bien, el resultado de un diálogo constante entre tradiciones musicales que convivían en las calles de Nueva Orleans.
Y en ese diálogo, una simple frase melódica descendente pudo viajar desde el ragtime del siglo XIX hasta convertirse en uno de los ecos más antiguos del jazz. Por Marcelo Bettoni
Referencias
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Hennessey, T. J. (1973). From jazz to swing: Black jazz musicians and their music, 1890–1935. Wayne State University Press.
Marquis, D. (2005). In search of Buddy Bolden: First man of jazz (rev. ed.). Louisiana State University Press.
Morton, J. R., & Lomax, A. (2005). Mister Jelly Roll: The fortunes of Jelly Roll Morton, New Orleans Creole and “inventor of jazz”. University of California Press.
Rose, A., & Souchon, E. (1967). New Orleans jazz: A family album. Louisiana State University Press.
Russell, W., & Smith, S. (1939). Jazzmen. Harcourt, Brace and Company.
Sudhalter, R. M. (1999). Lost chords: White musicians and their contribution to jazz, 1915–1945. Oxford University Press.