A comienzos del siglo XX, mucho antes de que el jazz fuera registrado en discos o estudiado en universidades, su historia se transmitía de una manera más frágil: en recuerdos, en anécdotas y en canciones que circulaban de boca en boca. Una de esas canciones —quizás la más asociada al legendario cornetista Buddy Bolden— llevaba un título que parecía más una frase escuchada al pasar que una composición formal: “I Thought I Heard Buddy Bolden Say”.

Los músicos de Nueva Orleans la conocían también como “Funky Butt” o simplemente “Buddy Bolden’s Blues”. Para los investigadores del primer jazz, entre ellos William Russell, esta melodía funcionaba casi como el “tema” de Bolden, una pieza que evocaba inmediatamente su presencia sonora en los bailes de la ciudad.

Pero lo interesante de esta canción no es solamente su asociación con Bolden. También ofrece una ventana hacia el paisaje musical del cambio de siglo. Cuando se examinan partituras publicadas en aquellos años aparecen sorprendentes coincidencias. Un cakewalk de 1899 titulado The Cake Walk in the Sky y un ragtime de 1904 llamado The St. Louis Tickle contienen frases melódicas muy cercanas a las que más tarde se atribuyeron a “Buddy Bolden’s Blues”.

Esto sugiere algo fundamental: la música que tocaba Bolden no surgía en el vacío. Formaba parte de una corriente más amplia de melodías populares que viajaban por el sur de Estados Unidos, especialmente a lo largo del Mississippi. Los músicos tomaban ideas de aquí y de allá, transformándolas en el escenario con la libertad que caracterizaría al jazz naciente.

Uno de los testimonios más vívidos sobre esta canción lo dejó el pianista y compositor Jelly Roll Morton. Morton sostenía que “Buddy Bolden’s Blues” representaba uno de los primeros blues verdaderos que había escuchado. Según su recuerdo, la melodía se remontaba aproximadamente a 1902 y tenía raíces en el ambiente de los barrelhouses, esos bares ruidosos donde el piano y el alcohol compartían protagonismo.

Morton recordaba también que, mientras la banda tocaba, el público improvisaba versos. El estribillo más conocido repetía una frase provocadora: “funky butt”. En el lenguaje de la época, funky significaba literalmente “mal olor”. La letra aludía con humor a un ambiente cargado, como el de un salón de baile abarrotado en una noche calurosa de Nueva Orleans.

Y de hecho, una anécdota muy repetida conecta directamente la canción con ese tipo de situación. Según la tradición, en una ocasión Bolden detuvo momentáneamente la música para pedir que abrieran las ventanas del salón. El aire se había vuelto irrespirable. De allí habría surgido la línea: “open up that window and let that bad air out”. Con el tiempo, uno de los locales donde tocaba la banda terminaría siendo conocido por los músicos como Funky Butt Hall, un apodo que refleja el humor irreverente del ambiente musical de la ciudad.

Las letras que se conservaron también incluyen referencias a personajes reales. En algunas versiones aparece el nombre del juez John J. Fogarty, una figura popular en la Nueva Orleans de principios del siglo XX. En otras se menciona al trombonista Frankie Dusen, quien más tarde asumiría el liderazgo de la banda de Bolden cuando la salud del cornetista comenzó a deteriorarse.

Estos detalles sitúan la canción en los últimos años de actividad del músico. Pero también muestran algo más profundo: la manera en que la vida cotidiana de la ciudad —sus jueces, sus bailes, sus personajes pintorescos— se filtraba directamente en la música.

La cuestión de quién compuso realmente “Buddy Bolden’s Blues” sigue siendo incierta. El trombonista Willy Cornish, miembro de la banda durante muchos años, afirmó haber escrito la melodía. Otros testimonios sugieren que el cantante Lorenzo Staultz improvisaba versos satíricos interminables sobre la música, las autoridades o cualquier tema que provocara la risa del público.

Tal vez esa sea la clave para entender esta canción. No era una obra fija, ni una composición cerrada. Era más bien un punto de partida, un vehículo para la improvisación colectiva.

Y en ese sentido, “Buddy Bolden’s Blues” encarna perfectamente el espíritu del jazz en su estado más temprano: una música que no pertenecía a nadie en particular, pero que todos reconocían cuando la escuchaban. Una melodía que viajaba por calles, parques y salones de baile, transformándose cada vez que alguien volvía a cantarla.

En el caso de Buddy Bolden, cuya música nunca fue grabada, estas canciones son algo más que simples recuerdos. Son, en cierto modo, el eco de un sonido que marcó el nacimiento del jazz y que todavía resuena en la memoria cultural de Nueva Orleans. Por Marcelo Bettoni

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

+ 16 = 19
Powered by MathCaptcha