“El Día de Pinkster”, nombre otorgado al Domingo de Pentecostés —o Whitsunday, según la tradición anglicana—, se originó como una de las principales festividades de los holandeses en los asentamientos de los Países Bajos. Su influencia se extendió posteriormente a los colonos ingleses en Nueva York, algunas regiones de Pensilvania y Maryland. La referencia más antigua conocida al nombre popular de esta celebración aparece en el Sermon Book de 1667 de Adrian Fischer, titulado Historia de la Descensión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles en el ‘Pinckster Dagh’ (Fischer, 1667).

Tras el primer día de Pinkster —que a menudo se prolongaba durante toda la semana posterior a Pentecostés—, los esclavizados africanos que habitaban la región asumían el protagonismo de los festejos. Realizaban las llamadas “danzas del Congo”, heredadas de sus prácticas en África, ante una creciente audiencia de espectadores blancos que venían tanto de la ciudad como del campo. Los cronistas locales llegaron a describir el evento como “Pinkster, el Carnaval de los africanos”, y varios novelistas incorporaron escenas del “gran Saturnalia de los negros de Nueva York” en sus obras de ficción, evocando de manera similar los bailes de la Place Congo en Nueva Orleans durante los primeros años del siglo XIX (Marcus, 2019).

Una de las primeras descripciones detalladas del festival proviene de la extensa oda publicada en Albany en 1803, dedicada a King Charles —conocido como “Carolus Africanus, Rex”—, quien ejercía como el líder espiritual de los bailes de Pinkster. Según Absalom Aimwell, autor de la oda, King Charles dirigía los bailes mientras tocaba instrumentos como el tambor, el banjo, el violín y el pífano, transmitiendo un marcado carácter africano a la celebración (Aimwell, 1803).

El Dr. James Eights, en 1857, ofrece otra crónica de los festejos, basada en sus recuerdos de la década de 1770 en Albany. Describe el terreno del festival como una plaza oblonga rodeada de puestos, carpas y atracciones propias de ferias, reservando el centro para el baile. El Viejo Rey Charley, traído desde Angola y considerado príncipe en África, dirigía la danza, vestido con un colorido uniforme que evocaba la tradición británica. La música estaba centrada en un tambor artesanal, acompañado por voces y palmas de las mujeres espectadoras, creando un diálogo rítmico que combinaba tradición africana y celebración comunitaria (Eights, 1857).

Conforme avanzaba la semana, la intensidad del baile crecía, hasta que finalmente llegaba el Sabbath, brindando un descanso merecido a todos los participantes. Con el paso del tiempo, las descripciones muestran a un Rey Charley más anciano, quien ya no danzaba, pero continuaba tocando el tambor, manteniendo la memoria de las melodías africanas hasta que, en 1811, el consejo municipal de Albany prohibió la instalación de nuevos puestos en “Pinkster Hill” (Marcus, 2019).

En Manhattan, el epicentro del Pinkster se ubicaba en la actual City Hall Park. A diferencia de Albany, el festival duraba solo tres días, pero igualmente reunía a miles de negros provenientes de distancias de hasta treinta o cuarenta millas. Los participantes mantenían vivas las tradiciones africanas a través del canto, el toque de banjo y la percusión sobre tambores construidos con pieles tensadas sobre troncos huecos, atrayendo la atención de cientos de espectadores blancos y consolidando el Pinkster como un espacio de resistencia cultural y celebración comunitaria (Marcus, 2019).

Así, Pinkster no solo constituye un ejemplo de sincretismo religioso y cultural en la América colonial, sino que también evidencia la permanencia de las tradiciones africanas a través de la música, la danza y la organización social, ofreciendo una ventana única a la historia de la diáspora africana en el norte de Estados Unidos.Por Marcelo Bettoni

Aimwell, A. (1803). Oda a Pinkster. Albany: Impreso exclusivamente para compradores y otros.

Eights, J. (1857). Recuerdos de los bailes de Pinkster en Albany. Albany Historical Review.

Fischer, A. (1667). Historia de la Descensión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles en el ‘Pinckster Dagh’.

Marcus, F. F. (2019). In the Birthplace of Jazz, Fans Fight Its Decline. Nueva York: Routledge.

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