Cuando comencé a adentrarme en el pensamiento de John Corbett, descubrí algo que transformó mi manera de entender la improvisación libre: no se trata de dominar un lenguaje, sino de aprender a estar presente en el sonido. Corbett comprende la improvisación libre como un territorio vivo, algo que se aprende desde la experiencia, desde un sonido que irrumpe sin pedir permiso. Esta idea me llevó a repensar cómo abordo la enseñanza musical: la improvisación no es solo otro género a estudiar, es una forma de relacionarse con el mundo sonoro.

Una de las propuestas más radicales que encuentro en su obra es también, en apariencia, la más sencilla. En A Listener’s Guide to Free Improvisation (2016), Corbett propone comenzar por lo más básico: escuchar sin esperar nada. Esta premisa choca de frente con la formación musical tradicional, donde todo se orienta hacia la anticipación: sabemos qué acorde viene, qué desarrollo temático esperar, qué resolución llegará. En mi experiencia docente, he notado que los estudiantes llegan con una especie de “guion mental” sobre cómo debe sonar la música. Cuando ese guion no se cumple, aparece el desconcierto. Pero ese es, precisamente, el punto de partida pedagógico que Corbett nos propone: el sonido no llega para confirmar expectativas, sino para abrir una relación. Cambiar esa actitud —del control a la curiosidad— es quizás la transformación más profunda que podemos fomentar en el aula.

Lo que más valoro del enfoque de Corbett es cómo vincula la práctica musical con la interacción humana. Desde una perspectiva pedagógica, su aporte más significativo es entender la improvisación libre como una forma de interacción humana, más que como un estilo. Esta visión permite trabajar la improvisación como una práctica ética: cuando los músicos se escuchan sin jerarquías, también aprenden a respetar el espacio del otro, a sostener silencios incómodos, a aceptar cuando alguien interrumpe su idea y transforma el rumbo colectivo. He comprobado que esta dimensión ética de la improvisación tiene efectos que trascienden lo musical. En mis clases, cuando proponemos ejercicios de improvisación libre, no estamos trabajando solo música: estamos trabajando la capacidad de ceder protagonismo, de construir algo que ninguno de nosotros podría haber imaginado individualmente. Es aprender a colaborar en su forma más pura.

Corbett no romantiza la improvisación libre. En Extended Play: Sounding Off from John Cage to Dr. Funkenstein (1994), advierte que la improvisación libre puede ser caótica, irregular, incluso frustrante para quienes buscan un orden inmediato. Esta honestidad es valiosa desde lo pedagógico. La música improvisada se vuelve entonces un ejercicio de tolerancia a la incertidumbre, una habilidad cada vez más necesaria en cualquier ámbito de la vida contemporánea. Desde mi perspectiva docente, esta convivencia con la incertidumbre es uno de los aprendizajes más potentes que ofrece la improvisación libre. Vivimos en una cultura que premia la eficiencia, la previsibilidad y los resultados inmediatos. La improvisación nos obliga a suspender esas expectativas y a mantenernos atentos a lo que emerge, aun cuando no sepamos exactamente hacia dónde nos lleva.

Desde el punto de vista musicológico, me resulta especialmente útil cómo Corbett sitúa la improvisación libre en un contexto histórico amplio, pero no lineal. Corbett ubica la improvisación libre dentro de una genealogía expansiva: el free jazz de los años sesenta, las vanguardias europeas, el arte sonoro, la performance. No las ordena en una línea evolutiva; más bien muestra cómo los músicos tomaron elementos de diversas tradiciones, los estiraron y generaron prácticas que hoy conviven sin necesidad de clasificarse rígidamente. Esta perspectiva me ha permitido presentar la improvisación libre en mis clases de historia del jazz no como un capítulo aislado o como una “etapa radical” que llegó después del bebop, sino como una corriente que dialoga constantemente con múltiples tradiciones. Los estudiantes pueden así comprender que la música no avanza en línea recta hacia la “novedad”, sino que se ramifica, vuelve sobre sí misma, reinterpreta su pasado.

En el aula, el concepto que Corbett llama “escucha expandida” se ha vuelto central en mi práctica pedagógica. La escucha expandida implica notar el gesto mínimo, valorar lo accidental, entender que un cambio de timbre puede ser tan significativo como un motivo melódico. Enseñar esto no requiere grandes teorías ni extensos discursos sobre las vanguardias. En mi experiencia, basta con proponer ejercicios muy breves en dúo, donde el objetivo sea sostener una relación sonora, no impresionar. A veces les pido que improvisen durante dos minutos usando solo dos notas. Otras veces, que respondan únicamente a los silencios del compañero. Son ejercicios casi frágiles, pero en esa fragilidad aparece algo fundamental: la atención al otro, la escucha como acción concreta y no como telón de fondo. Creo que Corbett es particularmente necesario en el contexto actual. En un mundo donde la tecnología nos empuja hacia la edición perfecta, nos recuerda que la música también es un acto humano, lleno de dudas, sorpresas y desvíos. La improvisación libre, desde su perspectiva, no es una técnica extendida ni un recurso expresivo más: es una manera de estar atentos al presente, a los otros, al entorno, a lo que sucede cuando nos atrevemos a no saber del todo. Esta última idea resuena profundamente en mí como educador. Gran parte de mi trabajo consiste en transmitir conocimientos, estructuras, técnicas. Pero la improvisación libre me recuerda que también debo enseñar a mis estudiantes a desaprender, a dudar, a mantenerse abiertos a lo inesperado. En ese sentido, el pensamiento de Corbett no solo ha enriquecido mi forma de enseñar música: ha transformado mi comprensión de lo que significa educar

Bibliografia

Corbett, J. (1994). Extended Play: Sounding Off from John Cage to Dr. Funkenstein. Duke University Press.

Corbett, J. (2016). A Listener’s Guide to Free Improvisation. The University of Chicago Press.

2 respuestas

  1. Extraordinaria reflexión “ improvisar es estar atentos a los otros” escucharnos, incluso nuestros silencios. Esto resume la esencia del jazz.

    1. Muchísimas gracias por tus palabras.
      Me alegra profundamente que la reflexión te haya resonado. Para mí, la idea de que improvisar es estar atentos a los otros, de que incluso los silencios forman parte del diálogo, es realmente el corazón del jazz y de su filosofía humana.
      Comentarios como el tuyo confirman que vale la pena seguir compartiendo estas ideas.
      Gracias por leer y por tomarte el tiempo de dejar tu reflexión.

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