La aparici├│n de CODONA a fines de la d├®cada de 1970 coincidi├│ con un momento de redefiniciones profundas en el jazz. Tras la radicalidad del free y la irrupci├│n del jazz-rock, el g├®nero comenz├│ a explorar territorios menos centrados en la armon├¡a y la m├®trica tradicionales y m├ís orientados hacia el timbre, la espacialidad y el di├ílogo intercultural. Dentro de ese clima est├®tico, ECM Records se constituy├│ en un laboratorio donde convergieron m├║sicos dispuestos a pensar el jazz como un espacio global. Fue all├¡ donde Don Cherry, Collin Walcott y Nan├í Vasconcelos articularon un proyecto que, m├ís que mezclar tradiciones, reconfigur├│ las bases mismas de la improvisaci├│n.

El encuentro entre estos tres m├║sicos fue posible porque cada uno ya hab├¡a atravesado procesos de deslocalizaci├│n musical. Cherry ven├¡a de ampliar el horizonte del free jazz hacia pr├ícticas afrodiasp├│ricas y asi├íticas; Walcott hab├¡a incorporado la tabla y el sitar desde una formaci├│n rigurosa dentro del sistema hindust├ínico; y Vasconcelos hab├¡a convertido el berimbau y la percusi├│n afrobrasile├▒a en matrices r├¡tmicas capaces de dialogar fuera de cualquier convenci├│n m├®trica fija. Al reunirse, sus universos dieron lugar a una est├®tica que no se limitaba a yuxtaponer sonidos, sino que propon├¡a una reorganizaci├│n profunda de las funciones musicales dentro del tr├¡o.

En los discos Codona (1978), Codona 2 (1980) y Codona 3 (1983) se advierte que la noci├│n tradicional de ÔÇ£secci├│n r├¡tmicaÔÇØ pr├ícticamente desaparece. En su lugar se despliega una ecolog├¡a t├¡mbrica donde el berimbau, el sitar, la tabla, las flautas africanas, la trompeta pocket y un amplio repertorio de peque├▒as percusiones interact├║an sin jerarqu├¡as preestablecidas. De esta manera, el rol de cada instrumento se redefine en funci├│n de la textura general: ninguno acompa├▒a a otro, sino que todos contribuyen a un entramado que se desarrolla a partir de impulsos, resonancias y gestos sonoros m├ís que de progresiones arm├│nicas o patrones m├®tricos estables.

Esa reconfiguraci├│n tambi├®n afecta a las formas musicales. CODONA evita los esquemas peri├│dicos y la l├│gica temaÔÇôsolos caracter├¡stica del jazz postbop, y en su lugar trabaja con estructuras que avanzan por acumulaci├│n, transformaci├│n gradual y desplazamiento t├¡mbrico. Los procedimientos mel├│dicos de Cherry, por ejemplo, no buscan centros tonales funcionales, sino zonas modales flexibles que emergen de la interacci├│n. Las l├¡neas ornamentadas del sitar, por su parte, no reproducen estrictamente el raga hindust├ínico, pero conservan su idea de un espacio mel├│dico extendido. A la vez, los patrones de tabla y percusi├│n afrobrasile├▒a instauran una ritmicidad flotante, m├ís cercana al pulso interno que a la regularidad m├®trica. A todo ello se suma el tratamiento del espacio ac├║stico, donde la reverberaci├│n y el silencio adquieren un valor estructural, configurando una m├║sica que se despliega tanto en el tiempo como en la espacialidad sonora.

Lo que vuelve singular a CODONA no es solamente la mezcla instrumental, sino el modo en que la interacci├│n musical se organiza desde una perspectiva transcultural profunda. En lugar de integrar ÔÇ£colores ex├│ticosÔÇØ dentro de un marco jazz├¡stico central, el tr├¡o produce un equilibrio en el que ninguna tradici├│n domina a las otras. Este posicionamiento tiene consecuencias est├®ticas y tambi├®n pol├¡ticas: desarticula la jerarqu├¡a hist├│rica que colocaba al jazz occidentalizado como eje y a las dem├ís tradiciones como suplementos perif├®ricos. Aqu├¡, el berimbau dialoga de igual a igual con la trompeta, y el sitar no funciona como cita decorativa, sino como fuente estructural de organizaci├│n musical. Esta horizontalidad se inscribe en debates que d├®cadas m├ís tarde aparecer├¡an bajo marcos poscoloniales y que hoy informan buena parte del jazz global.

El impacto de CODONA se percibe con claridad en corrientes posteriores. Su exploración del timbre como eje estructural anticipa desarrollos que en los años 90 consolidaron músicos como Nils Petter Molvær o Nik Bärtsch; su enfoque transcultural encuentra resonancias en proyectos afroasiáticos contemporáneos; y su concepción del ritmo como flujo abierto dialoga con la obra de percusionistas como Hamid Drake. Más ampliamente, su música abrió una vía para comprender el jazz como un territorio nómade, no definido por una tradición única, sino por la capacidad de articular múltiples sistemas musicales en un mismo espacio de improvisación.

La obra de CODONA constituye, as├¡, uno de los ejemplos m├ís consistentes de c├│mo el jazz puede expandirse sin perder su n├║cleo improvisatorio. Su legado no reside ├║nicamente en la originalidad de su instrumentaci├│n, sino en el modo en que concibieron la creaci├│n musical como un encuentro entre tradiciones diversas, un encuentro que no simplifica ni homogeneiza, sino que escucha, integra y transforma. En ese gesto radica su relevancia hist├│rica: CODONA marca una transici├│n entre el experimentalismo libre de los a├▒os sesenta y setenta y las est├®ticas globales del jazz del siglo XXI, situ├índose como un vector decisivo en la construcci├│n de un jazz verdaderamente transcultural.

Por Marcelo Bettoni

Una respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

4 + 3 =
Powered by MathCaptcha