8 de julio 2025

En la historia del jazz, no todo se cuenta desde los instrumentos. Algunos cap├¡tulos se escriben con los pies. Es el caso del d├║o formado por Charles ÔÇ£CookieÔÇØ Cook y Ernest ÔÇ£BrownieÔÇØ Brown, dos artistas cuya danza encarn├│ el swing, la s├¡ncopa y el esp├¡ritu del jazz tanto como un solo de trompeta.
Surgidos en los años treinta en plena era del vaudeville, Cook & Brown trazaron una carrera que los llevó desde los clubes de barrio hasta los escenarios más prestigiosos del mundo. Su estilo combinaba el tap dance, la comedia física del burlesque y una elegancia rítmica moldeada por las grandes bandas de swing. No eran simples acompañantes del jazz: eran parte activa de su arquitectura expresiva.
Su baile no era coreografía cerrada, sino improvisación con sentido musical, siguiendo las líneas del fraseo jazzístico. Cuando actuaban junto a orquestas como las de Duke Ellington o Count Basie, no solo ilustraban la música: la interpretaban desde el cuerpo. Cada shuffle, cada break, cada pirueta tenía el pulso del jazz vivo, en tiempo real.
En 1949, tras la muerte de Bill ÔÇ£BojanglesÔÇØ Robinson, Cook se sum├│ a la fundaci├│n de los Original Copasetics, un colectivo creado para preservar el tap y su ├¡ntima relaci├│n con la tradici├│n jazz├¡stica afroamericana. All├¡ comparti├│ escena con figuras como Honi Coles, Jimmy Slyde y Chuck Green, en lo que ser├¡a un renacimiento del tap como arte mayor.
Brownie, por su parte, fue el ├║ltimo Copasetic en actividad. Ense├▒├│ hasta su muerte en 2009, manteniendo vivo un repertorio que era tanto esc├®nico como hist├│rico. En una ocasi├│n dijo: ÔÇ£No era tanto tap como jazz, y ten├¡a un maravilloso sentido del jazzÔÇØ. Esa frase resume la esencia de su arte: el tap como forma musical, no solo visual.
Hoy, en tiempos de exploraci├│n interdisciplinaria y recuperaci├│n de lenguajes esc├®nicos afroamericanos, la figura de Cook & Brown merece ser redescubierta. En ellos, el jazz no se tocaba: se bailaba. Y con cada paso, contaban una historia r├¡tmica que sigue sonando.
Por Marcelo Bettoni