A primera vista, muy poco.Un músico trabaja con sonidos, ritmo, armonía e improvisación. Un físico teórico trabaja con matemáticas, modelos y teorías para intentar comprender cómo funciona la naturaleza.Sin embargo, hay algo que los acerca: la creatividad dentro de una estructura.En una charla sobre ciencia y creatividad, la actriz y científica británica Sheila Atim plantea una relación especialmente sugerente: improvisar no significa hacer cualquier cosa en el momento. Para poder improvisar con libertad hay que conocer profundamente el lenguaje con el que se trabaja.Un músico de jazz no improvisa desde la nada.Detrás de un solo hay años de práctica, escucha, repertorio, armonía, ritmo, dominio instrumental y experiencia tocando con otros músicos.Cuando llega el momento de improvisar, todo ese conocimiento se pone en movimiento.El músico no sabe exactamente qué tocará dentro de cinco segundos. Pero tiene las herramientas para decidir cuando esos cinco segundos lleguen.Y ahí aparece una de las características más fascinantes del jazz:la música se construye mientras sucede.Un estándar puede tener una melodía, una forma y una estructura armónica determinada. Pero dentro de ese marco pueden aparecer infinitas posibilidades.Dos músicos pueden tocar la misma composición y producir solos completamente diferentes. Incluso el mismo músico puede tocarla de otra manera al día siguiente.La estructura no elimina la libertad. Algo parecido ocurre, aunque en un campo completamente diferente, con el físico teórico. También trabaja dentro de un sistema de conocimientos, principios y herramientas. Pero su tarea creativa consiste en encontrar relaciones, formular hipótesis y explorar posibilidades que no estaban dadas de antemano.En ambos casos, la creatividad necesita conocimiento.El improvisador escucha. Recibe información de los otros músicos. Responde a la batería, al contrabajo, al piano o a los vientos. Puede repetir una idea, modificarla, dejar un silencio, cambiar el registro, desplazar el acento o tomar una dirección inesperada.Está tomando decisiones en tiempo real.Y quizás allí encontremos una de las grandes lecciones del jazz:la libertad no consiste en no tener reglas. Consiste en conocer un lenguaje lo suficientemente bien como para poder moverse dentro de él. Charlie Parker, Thelonious Monk, Miles Davis y tantos otros grandes improvisadores no construyeron sus lenguajes desde el desconocimiento. Lo hicieron a partir de una relación profunda con la tradición, con el instrumento, con la armonía, con el ritmo y, sobre todo, con la escucha. La creatividad no aparece cuando desaparece el conocimiento. Muchas veces aparece cuando el conocimiento se vuelve una herramienta para imaginar algo que todavía no existe.  Quizás por eso el jazz sigue siendo mucho más que una música improvisada. Es una forma de pensar con sonidos. Y de descubrir, en el mismo momento en que se toca, hacia dónde puede ir la música-

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