
Continúo compartiendo algunos libros de mi biblioteca personal. No se trata solamente de mostrar ejemplares que forman parte de una colección: cada uno de ellos representa una manera de acercarse al jazz, de conservar una memoria y de reconstruir una parte de nuestra historia musical.
Hoy es el turno de Memorias del jazz argentino, de Ricardo Risetti, publicado por Ediciones Corregidor en 1994. El libro está dedicado especialmente a las décadas de 1940 y 1950 y reúne testimonios, historias y referencias sobre músicos y orquestas argentinas de jazz.
Su valor está, en buena medida, en que recupera una escena musical que durante mucho tiempo quedó parcialmente fuera de los relatos más difundidos de la cultura argentina. Aquellos años fueron fundamentales para el desarrollo del jazz en el país: las grandes orquestas, las radios, los clubes, las confiterías y los bailes formaban parte de una red de espacios donde esta música tenía una presencia popular importante. El propio catálogo de Corregidor señala el lugar que ocupó el jazz junto al tango y a otros ritmos dentro de la vida musical de aquellas décadas.
Risetti construye el libro a partir de músicos, orquestas y trayectorias individuales. Entre los nombres incluidos aparecen Tito Alberti, Panchito Cao, Bicho Casalla, Enrique Lynch, Eddie Pequenino, Lalo Schifrin, Cholo Rossini, Pipo Troise y otros protagonistas de aquella historia. La obra incorpora además una discografía extensa, lo que convierte al libro en una fuente particularmente útil para quienes quieran seguir las grabaciones y reconstruir aquella escena a través de la escucha.
Pero hay algo más importante: estos libros funcionan como archivos de una memoria que corre el riesgo de desaparecer. Una parte considerable de la historia del jazz argentino no quedó registrada solamente en partituras o discos. También está en los testimonios de quienes tocaron, en los lugares donde trabajaron, en las orquestas que integraron y en las experiencias de una generación de músicos que desarrolló su actividad en un contexto muy diferente al actual.
Por eso, cuando vuelvo a estos ejemplares, no los veo únicamente como libros sobre el pasado. Los considero documentos para comprender cómo se construyó el jazz en la Argentina y qué lugar ocupó dentro de nuestra cultura musical. Compartirlos también es una forma de preservar esa memoria.
Y en el caso del jazz argentino, todavía queda mucho por escuchar, investigar y contar.