
La historia de Buddy Bolden está construida sobre una paradoja. Se lo considera una de las figuras fundamentales en la formación del jazz en Nueva Orleans, pero su música desapareció sin dejar una grabación que podamos escuchar hoy. No contamos con partituras que permitan reconstruir con precisión su repertorio ni con una documentación abundante sobre sus actuaciones. Gran parte de lo que sabemos procede de testimonios recogidos muchos años después y de una tradición oral que, con el tiempo, fue incorporando nuevos episodios a su figura. Por eso, acercarse a Bolden exige distinguir entre aquello que puede documentarse y aquello que pertenece a la leyenda.
Una de las fuentes más importantes fue Willy Cornish, trombonista de la banda original de Bolden y uno de los pocos músicos que podían hablar desde una experiencia directa. Cornish fue entrevistado por Charles Edward Smith para la investigación que posteriormente desembocaría en Jazzmen. Su testimonio tenía un valor excepcional: no hablaba de un músico al que hubiera conocido por referencias, sino de alguien con quien había compartido escenario.
Pero aquella fuente también tenía un límite. Cuando Smith quiso volver a entrevistarlo para profundizar algunos aspectos, Cornish ya se encontraba enfermo y murió en enero de 1942. Con él desaparecía una de las últimas voces capaces de aportar información directa sobre la primera banda de Bolden. Vic Hobson ha señalado precisamente la importancia de Cornish en la reconstrucción posterior de esta historia y la necesidad de revisar críticamente los relatos que se construyeron alrededor de Bolden.
A partir de entonces, la imagen del músico comenzó a depender cada vez más de testimonios indirectos, recuerdos y documentos fragmentarios. Y allí aparece un problema habitual cuando se intenta reconstruir los primeros años del jazz: la memoria puede conservar una experiencia durante décadas, pero no necesariamente conserva sus detalles con exactitud.
Uno de los ejemplos más claros es la supuesta profesión de Bolden. Durante años se repitió que había sido barbero. La asociación no resultaba extraña. Las barberías de Nueva Orleans eran lugares de encuentro y circulación de información, y muchos músicos estaban vinculados de una u otra manera con ese mundo. Sin embargo, el hecho de que una historia sea compatible con el contexto no demuestra que sea cierta.
Los testimonios disponibles presentan, de hecho, una contradicción. Preston Jackson sostuvo que Bolden había tenido una barbería, mientras que Louis Jones, quien lo conoció personalmente, negó que hubiera trabajado como barbero. El investigador Vic Hobson, después de revisar estos testimonios, concluye que la versión del barbero no puede sostenerse como un hecho establecido.
Este tipo de contradicción resulta especialmente interesante porque muestra cómo se construyen las leyendas. Una relación social puede transformarse en una profesión; un recuerdo impreciso puede adquirir la apariencia de un dato biográfico; una historia repetida suficientes veces puede terminar ingresando en los relatos considerados tradicionales.
Algo parecido ocurrió con The Cricket, un periódico de Nueva Orleans con el que también se relacionó a Bolden. Algunos testimonios afirmaron que el músico había participado de la publicación o que estaba vinculado con sus contenidos. Sin embargo, otras fuentes cuestionaron esa versión. Según la investigación de Hobson, Bolden no fue quien escribía para The Cricket; la relación habría estado vinculada a su amigo Otis Watts.
La importancia de The Cricket va más allá de determinar si Bolden estuvo o no relacionado con el periódico. Sus páginas constituyen una pequeña ventana hacia la vida cultural de Nueva Orleans durante los años en que comenzaba a definirse la música que posteriormente llamaríamos jazz. Los anuncios de bandas, músicos y espectáculos permiten observar un mundo profesional en movimiento, donde los intérpretes circulaban por bailes, fiestas, salones y otros espacios de entretenimiento.
En ese contexto, Buddy Bolden no aparece como una figura aislada. Su importancia comienza a entenderse mejor cuando se lo observa dentro de una red musical mucho más amplia. La Nueva Orleans de fines del siglo XIX y comienzos del XX era un espacio donde convivían bandas de metales, músicos de ragtime, conjuntos de cuerda, iglesias, salones de baile y distintas formas de entretenimiento popular. El jazz no surgió de un único músico ni de un único lugar: se fue formando a partir de la interacción de esas tradiciones.
También la historia de la última actuación de Bolden fue adquiriendo una dimensión legendaria. Durante mucho tiempo se sostuvo que había sufrido una crisis durante el desfile del Día del Trabajo de 1906 y que aquella actuación había marcado el final de su carrera. Sin embargo, la documentación disponible permite poner en duda esa versión. Sabemos que Bolden atravesaba graves problemas de salud mental y que finalmente fue internado en el Louisiana State Insane Asylum de Jackson en 1907, donde permaneció hasta su muerte en 1931. La Library of Congress señala que sus problemas de conducta comenzaron a hacerse evidentes hacia 1906, pero también advierte sobre la cantidad de mitos y exageraciones que rodean su biografía.
Es posible que algunos episodios diferentes hayan terminado fusionándose en un mismo relato. La investigación histórica ha señalado, por ejemplo, que durante aquel desfile de 1906 murió el músico William Spillis, víctima del calor. Ese acontecimiento pudo contribuir a la posterior asociación entre Bolden, el desfile y el supuesto final de su carrera. Hobson identifica precisamente esta confusión como una de las construcciones legendarias que rodearon al músico.
Pero ninguna historia alrededor de Bolden resulta tan fascinante como la del cilindro fonográfico.
Durante décadas circuló el relato de que la banda de Bolden había realizado una grabación. El testimonio fundamental vuelve a ser el de Willy Cornish, quien afirmó que el conjunto había registrado música en un cilindro. Charles Edward Smith tomó ese relato en serio y comenzó una búsqueda que continuaría durante años. La posibilidad de encontrar aquella grabación tenía una importancia enorme: permitiría, por primera vez, escuchar directamente el sonido de uno de los músicos considerados fundamentales en la formación del jazz.
La Library of Congress confirma que no existe ninguna grabación de Bolden que haya sobrevivido y explica que la historia del cilindro se convirtió en uno de los elementos centrales de su leyenda. Según la investigación posterior de Donald M. Marquis, pudo haber existido una grabación realizada por un operador local de fonógrafos, aunque el cilindro nunca fue recuperado.
Aquí la diferencia entre evidencia y posibilidad resulta fundamental. No podemos afirmar que poseemos una grabación de Buddy Bolden. Tampoco podemos escuchar su sonido y decir: «Así tocaba Bolden». Lo que sí podemos afirmar es que existe un testimonio temprano de un músico que perteneció a su banda y que sostuvo que aquella grabación había sido realizada. La investigación posterior considera plausible esa posibilidad, pero la ausencia del cilindro impide convertirla en una certeza documental.
La paradoja es extraordinaria: uno de los músicos más importantes para comprender la formación del jazz es también uno de aquellos cuya música no podemos escuchar.
Esto modifica la manera en que debemos aproximarnos a Bolden. No podemos reconstruir su estilo a partir de una grabación. Debemos hacerlo a través de las huellas que dejó en otros músicos, de los testimonios de quienes lo escucharon, de las melodías asociadas a su repertorio y del contexto musical en el que trabajó. La Library of Congress señala, por ejemplo, que la melodía conocida posteriormente como «Funky Butt» aparece relacionada con una composición publicada a comienzos del siglo XX, lo que permite aproximarse indirectamente a parte del material musical asociado con la banda de Bolden.
En definitiva, la importancia de Buddy Bolden no depende de aceptar cada una de las historias que se contaron sobre él. Al contrario: su verdadera dimensión histórica aparece cuando comenzamos a separar cuidadosamente los hechos comprobables de las narraciones que fueron creciendo alrededor de su nombre.
Bolden pertenece a una generación que hizo música antes de que la industria discográfica pudiera conservar de manera sistemática aquello que ocurría en los escenarios de Nueva Orleans. Su legado quedó, por lo tanto, en manos de la memoria.
Y la memoria es selectiva. Conserva gestos, sonidos, impresiones y anécdotas, pero también transforma, exagera y mezcla acontecimientos. Por eso, la historia de Bolden no debe leerse solamente como la biografía de un músico. Es también la historia de cómo una comunidad recuerda el nacimiento de una música.
Tal vez allí se encuentre una de las razones por las que su figura continúa fascinando. No podemos escuchar a Buddy Bolden, pero podemos seguir las huellas que dejó en quienes vinieron después. Entre documentos incompletos, testimonios contradictorios y leyendas persistentes aparece la silueta de un músico que ocupó un lugar decisivo en la transformación del lenguaje musical de Nueva Orleans.
La ausencia de su sonido, paradójicamente, hizo crecer su leyenda. Y esa leyenda, más que ocultar la historia, puede enseñarnos algo sobre ella: cuando una música todavía no ha sido fijada en discos, partituras o archivos, su memoria vive en las personas. Y cuando esas personas desaparecen, comienza otra etapa: la de quienes intentan reconstruir, con las pocas huellas disponibles, cómo pudo haber soñado aquella música que cambió para siempre la historia del jazz. Por Marcelo Bettoni
Fuentes
Vic Hobson, Creating Jazz Counterpoint: New Orleans, Barbershop Harmony, and the Blues, capítulo «The Bolden Legend» (University Press of Mississippi, 2014).
David Sager, «The Elusive Buddy Bolden», Library of Congress, 2014.
Charles Edward Smith y colaboradores, Jazzmen — fuente histórica utilizada en la reconstrucción de los testimonios tempranos sobre Bolden.
Donald M. Marquis, In Search of Buddy Bolden: First Man of Jazz, obra fundamental para la revisión crítica de la documentación sobre Bolden; la Library of Congress destaca especialmente su investigación.