
Cuando se habla de los músicos que llevaron el jazz desde Nueva Orleans hacia el resto de Estados Unidos, los nombres de Nick LaRocca, Larry Shields o Tom Brown suelen aparecer en primer plano. Sin embargo, entre aquellos protagonistas de los primeros capítulos de esta historia hay figuras menos recordadas, pero igualmente decisivas. Una de ellas es Ray López.
Nacido en Nueva Orleans en 1889, López creció en una ciudad donde la música era parte inseparable de la vida cotidiana. Allí convivían las brass bands de desfile, el ragtime, los cantos religiosos afroamericanos y las tradiciones criollas. En ese ambiente, López se formó como cornetista y comenzó su carrera alrededor de 1906 en la célebre Reliance Brass Band de Papa Jack Laine, una verdadera cantera de talentos que más tarde marcarían el rumbo del jazz. Papa Jack Laine, aunque nunca grabó discos, fue un personaje clave: sus agrupaciones funcionaban como un laboratorio sonoro donde se mezclaban influencias europeas, africanas y caribeñas. De sus filas salieron decenas de músicos que, como López, serían responsables de llevar el nuevo lenguaje musical más allá de las fronteras de Nueva Orleans.
A comienzos de la década de 1910, López se unió al trombonista y director Tom Brown, uno de los más audaces emprendedores musicales de la época. En 1915, Brown organizó una gira que pasaría a la historia: su conjunto, presentado como “Tom Brown’s Band from Dixieland”, viajó hasta Chicago para actuar en el Lamb’s Café. En esa formación, López no solo ocupaba el puesto de cornetista, sino que también ejercía como representante del grupo.Aquella presentación fue mucho más que un contrato. Para muchos historiadores, la llegada de la banda de Brown a Chicago abrió el camino para la migración de músicos de Nueva Orleans hacia el norte, un movimiento que resultó decisivo para la difusión nacional del jazz. López recordaría años después las dificultades iniciales: el público de Chicago no estaba acostumbrado a aquellos ritmos vibrantes, pero poco a poco la energía festiva de la música terminó conquistando a los oyentes y preparando el terreno para la explosión jazzística que transformaría la ciudad en las décadas siguientes.
Tras su paso por la banda de Tom Brown, López trabajó con Bert Kelly, empresario y director de orquesta que jugó un papel fundamental en la promoción del jazz en Chicago y Nueva York. Kelly fue uno de los primeros en utilizar el término “jazz” para presentar esta música al público urbano. La participación de López en sus agrupaciones demuestra que estuvo presente en momentos clave de la difusión temprana del género. A diferencia de otros contemporáneos, Ray López no dejó una gran discografía ni alcanzó la fama de algunos colegas. Sin embargo, su trayectoria refleja cómo se construyó la historia del jazz: gracias a músicos trabajadores, viajeros y versátiles que llevaron el sonido de Nueva Orleans a nuevas audiencias. La memoria colectiva suele destacar a las grandes estrellas, pero el crecimiento del jazz dependió también de figuras como López, que estuvieron en el lugar y el momento justos para que una música local se convirtiera en fenómeno nacional. Más de un siglo después, Ray López sigue siendo un nombre poco conocido. Pero su participación en la Reliance Brass Band de Papa Jack Laine y en la histórica aventura de Tom Brown hacia Chicago lo sitúan entre los protagonistas de la primera expansión del jazz fuera de Nueva Orleans. Su historia nos recuerda que los cimientos de esta música se construyeron también con aportes silenciosos, de músicos que, sin buscar la gloria, ayudaron a transformar para siempre la cultura del siglo XX. Por Marcelo Bettoni
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