
Entre las figuras fundacionales de la pedagogía musical afroamericana en los Estados Unidos se destaca Newport Gardner (nacido Occramer Marycoo, ca. 1746–1826), considerado uno de los primeros maestros negros de música documentados en la joven nación. Su trayectoria permite observar cómo la alfabetización musical, la religión protestante y la organización comunitaria funcionaron como herramientas centrales de afirmación cultural y ascenso simbólico para los afroamericanos en el período posrevolucionario (Southern, 1971).
Nada se sabe con certeza sobre la infancia de Gardner en África. A los catorce años fue trasladado a las colonias británicas de Norteamérica y vendido como esclavo a Caleb Gardner, un comerciante prominente de Newport, Rhode Island. Ya en sus primeros años en cautiverio manifestó un notable interés por la música, lo que llevó a la esposa de su propietario a facilitarle estudios con un “maestro de canto llamado Law”, que visitaba ocasionalmente la ciudad (Mason, 1884). La investigación histórica coincide en identificar a este docente con Andrew Law, figura clave del movimiento de las singing schools en Nueva Inglaterra durante las décadas finales del siglo XVIII (Crawford, 1968).
Los tratados pedagógicos de Law —Select Harmony (1778), The Art of Singing (1780) y The Rudiments of Music (1785)— permiten reconstruir con bastante precisión el tipo de formación que recibió Gardner. Estos manuales abordaban la técnica vocal, la afinación, la pronunciación del texto, la lectura musical, los principios básicos de la teoría (partes vocales, claves, alteraciones), el control de la dinámica, el tiempo y la modalidad. Se trataba de un sistema concebido para fortalecer el canto congregacional protestante, pero que, en manos de intérpretes afroamericanos, adquirió nuevas resonancias expresivas y sociales (Crawford, 1968).
Las fuentes contemporáneas coinciden en destacar la excepcionalidad musical de Gardner. Se afirmaba que “leía y escribía música con facilidad” y que poseía “una voz notablemente fuerte y clara”. John Ferguson, en una biografía publicada en 1830, subrayó además su notable autodidactismo: Gardner aprendió a leer tras recibir apenas unas nociones iniciales y se formó musicalmente casi por completo por iniciativa propia (Ferguson, 1830). Llegó a componer un número considerable de melodías, algunas de las cuales fueron apreciadas por los aficionados de su tiempo, y durante años dirigió una escuela de canto con una concurrencia numerosa en Newport (Ferguson, 1830; Mason, 1884).
En 1791, un premio de lotería le permitió comprar su libertad y la de su familia, un hecho decisivo tanto en su vida personal como en su proyección pública. Poco después alquiló una sala en High Street, donde estableció su propia singing school. Entre sus alumnos se encontraba incluso su antigua ama, un dato revelador de la inversión simbólica que podía producir la autoridad musical en una sociedad racialmente jerarquizada (Mason, 1884).
La actividad pedagógica de Gardner estuvo estrechamente ligada a su compromiso comunitario y religioso. Fue diácono de la First Congregational Church de Newport, bajo el pastorado del reverendo Samuel Hopkins, y a partir de 1808 se desempeñó como director de una escuela para niños negros fundada por la African Benevolent Society (Ferguson, 1830). Estas instituciones formaban parte de una red más amplia de organizaciones afroamericanas creadas tras la Guerra de Independencia, orientadas a la ayuda mutua, la educación y la vida religiosa de las comunidades negras libres (Southern, 1971).
Gardner comenzó a componer música hacia 1764, cuando tenía apenas dieciocho años. Aunque gran parte de su obra se ha perdido, existen indicios de que algunas piezas atribuidas simplemente a “Gardner” en colecciones de comienzos del siglo XIX podrían corresponderle. Su obra más significativa conocida es el Promise Anthem, interpretado tanto en Newport como en Boston. Si bien la música no se conserva, el texto —basado en pasajes del libro de Jeremías y del Evangelio de Marcos— ha llegado hasta nosotros y resulta de enorme interés histórico (Ferguson, 1830).
En este texto, la promesa bíblica de liberación y retorno del cautiverio es resignificada para interpelar explícitamente a la población africana en América. La inclusión directa de la “raza africana” como destinataria del mensaje revela una temprana apropiación del discurso teológico como vehículo de conciencia histórica y esperanza colectiva. Esta combinación de cristianismo protestante, experiencia diaspórica y afirmación racial anticipa elementos que más tarde serán centrales en el desarrollo del spiritual afroamericano (The Black Perspective in Music, 1976; Raboteau, 1978).
La trayectoria de Newport Gardner no fue un caso aislado. Existen referencias fragmentarias a otros maestros negros de canto activos en las primeras décadas de la nación. En Nueva York, Andrew Law menciona a un tal “Frank the Negro”, quien hacia 1786 dirigía una escuela con aproximadamente cuarenta alumnos, un número considerable para la época (Stevenson, 1966). En Filadelfia, John Cromwell estuvo al frente de una singing school durante la década de 1820, y varios de sus estudiantes alcanzaron reconocimiento posterior como cantantes y ejecutantes de instrumentos de metal (Philadelphia Tribune, 1912).
Estas experiencias pedagógicas deben comprenderse en el marco del crecimiento de sociedades fraternales y religiosas afroamericanas surgidas tras la independencia. Organizaciones como la African Union Society de Newport, la Free African Society de Filadelfia o la African Society of Boston no solo brindaron apoyo material y moral, sino que promovieron activamente la educación y la práctica musical como espacios de cohesión social y autogobierno (Southern, 1971).
En continuidad con tradiciones africanas donde música, religión y vida social formaban una unidad inseparable, los afroamericanos adaptaron las formas del protestantismo europeo a sus propias necesidades expresivas y comunitarias. Como ha señalado Albert J. Raboteau, la religión negra en América funcionó como una “institución invisible” capaz de sostener la memoria, la dignidad y la esperanza en contextos de opresión (Raboteau, 1978).
En este contexto, los maestros negros de canto del período posrevolucionario —entre ellos Newport Gardner— no fueron meros transmisores de técnicas heredadas de la tradición europea. Actuaron como mediadores culturales que apropiaron esos saberes, los resignificaron desde su experiencia histórica y pusieron la música al servicio de una comunidad negra que comenzaba a construir espacios propios de educación, autoridad simbólica y libertad en la nueva nación estadounidense.
.Referencias
Crawford, R. (1968). Andrew Law, American psalmodist. Northwestern University Press.
Ferguson, J. (1830). Memoir of the life and character of Rev. Samuel Hopkins. Hollis.
Mason, G. C. (1884). Reminiscences of Newport. Newport.
Raboteau, A. J. (1978). Slave religion: The “invisible institution” in the antebellum South. Oxford University Press.
Stevenson, R. (1966). Protestant church music in America. W. W. Norton & Company.
The Black Perspective in Music. (1976). Newport Gardner and early Black sacred music [Reimpresión de extractos de Ferguson]. The Black Perspective in Music, 4(2), 208–215.
Philadelphia Tribune. (1912, December 21). John Cromwell and early Black singing schools. Philadelphia Tribune.