
En 1939, cuando el jazz todavía era considerado por muchos una música efímera, ligada al entretenimiento y al baile, apareció un libro que cambió para siempre la manera de pensarlo y narrarlo: Jazzmen. Editado por Frederic Ramsey Jr. y Charles Edward Smith, este volumen fue el primer intento serio y sistemático de contar la historia del jazz como un fenómeno cultural con raíces profundas, protagonistas definidos y un desarrollo propio. No se trataba solo de describir estilos o modas, sino de preservar una memoria que ya comenzaba a desvanecerse.
Jazzmen nació en un momento clave. Muchos de los músicos que habían dado forma al jazz en Nueva Orleans, Chicago y los primeros circuitos urbanos aún vivían, pero su música rara vez estaba documentada con rigor. Charles Edward Smith entendió que el jazz necesitaba ser escrito para existir plenamente en la historia. Su mirada, atravesada por la crítica social y el respeto por los músicos afroamericanos, buscó dar voz a quienes habían sido ignorados por la historiografía oficial de los Estados Unidos.
El libro reunió textos de diversos autores y se apoyó en testimonios, recuerdos y análisis que hoy pueden parecer incompletos o discutibles, pero que en su tiempo fueron revolucionarios. Allí aparecen los nombres de King Oliver, Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y tantos otros, no como anécdotas folclóricas, sino como creadores conscientes de un lenguaje musical nuevo. Jazzmen fijó una idea fundamental: el jazz tenía historia, tenía autores y merecía ser estudiado.
Más de ocho décadas después, este libro sigue siendo una referencia ineludible. No solo por lo que dice, sino por lo que inaugura: la figura del divulgador de jazz como puente entre la música, la memoria y el pensamiento crítico. En ese gesto fundacional, Charles Edward Smith abrió un camino que todavía recorremos quienes entendemos al jazz no solo como sonido, sino como relato, identidad y experiencia histórica compartida.