Les comparto este breve artículo sobre un tema poco difundido: las influencias africanas, islámicas y mediterráneas en los orígenes del blues y el jazz. Es un enfoque que me interesa especialmente porque permite ampliar y complejizar la comprensión de la música afroamericana más allá de los relatos tradicionales.

El jazz y los blues no pueden comprenderse como el resultado de una única tradición cultural ni como la simple prolongación de una herencia africana homogénea. Por el contrario, constituyen expresiones musicales surgidas de un complejo proceso histórico de contacto, superposición y reinvención cultural dentro del mundo afroatlántico -En este entramado confluyen tradiciones africanas, europeas y americanas, atravesadas por dinámicas coloniales, religiosas y sociales específicas. Reconocer esta complejidad permite superar lecturas esencialistas y comprender la profundidad histórica de la música afroamericana.

Antes del inicio del tráfico esclavista transatlántico a gran escala, ya existían poblaciones africanas en Europa, particularmente en la Península Ibérica. Durante la Edad Media, Al-Ándalus funcionó como un espacio cultural plural en el que convivieron árabes, bereberes, judíos, africanos subsaharianos y poblaciones locales cristianas . En ese contexto se desarrolló una cultura andalusí de notable riqueza intelectual, científica y artística, cuyas influencias se proyectaron sobre el resto de Europa. Algunos africanos negros que participaron en los primeros procesos de exploración y colonización americana habían nacido o se habían formado culturalmente en este ámbito ibérico islámico o posislámico. Figuras como Estebanico, explorador de origen africano y formación islámica, o Juan Valiente, participante en la conquista de Chile, evidencian la complejidad étnica y cultural de los primeros contactos entre África, Europa y América .

La influencia islámica y andalusí en la música europea ha sido ampliamente documentada. A través de la Península Ibérica ingresaron en Europa instrumentos como el laúd —antecedente de la guitarra—, la rebab y el oud, además de concepciones modales del sonido. Aunque la música islámica es esencialmente monofónica, su sofisticación melódica, su tratamiento ornamental y su concepción matemática de los intervalos influyeron en el pensamiento musical europeo medieval (Shiloah, 1995). Diversos estudios han señalado que ciertos rasgos del blues y del jazz —como el uso del melisma y las escalas modales— guardan relación con tradiciones árabes transmitidas a Europa a través de Al-Ándalus .

Con el inicio del comercio esclavista transatlántico, millones de africanos fueron trasladados desde regiones de África occidental y central hacia América. Estas regiones no constituían un bloque cultural uniforme. Muchas habían mantenido durante siglos contactos intensos con el mundo islámico, especialmente en el cinturón de la sabana africana .

La islamización no implicó una homogeneización cultural, sino la superposición de elementos religiosos, lingüísticos y musicales sobre tradiciones africanas preexistentes. En consecuencia, algunos esclavos llegaron a América portando prácticas africanas que ya habían sido moldeadas, en distintos grados, por influencias islámicas.

En el desarrollo de la música afroamericana pueden identificarse rasgos que remiten tanto a África occidental como a tradiciones islámicas y mediterráneas: la centralidad del ritmo, la importancia del timbre, el uso expresivo de la voz y la ornamentación melismática (Kubik, 1999). Estos elementos se manifiestan de manera particular en los blues y en las primeras formas del jazz. No obstante, resulta metodológicamente incorrecto atribuir estos rasgos a una única fuente cultural. Las llamadas blue notes, por ejemplo, pueden explicarse tanto a partir de sistemas de afinación africanos no temperados como de prácticas vocales desarrolladas en el contexto afroamericano de América del Norte, influido por el cristianismo, la vida rural y la experiencia de la segregación .La recitación coránica y la ornamentación vocal islámica ofrecen paralelos con la expresividad vocal afroamericana, reforzando la idea de una matriz híbrida.

El Caribe y América Latina desempeñaron un papel decisivo como espacios de mediación cultural. Regiones como Cuba, Haití y el área del Golfo de México funcionaron como zonas de intensa circulación de personas, ritmos e ideas, donde confluyeron tradiciones africanas, europeas e indígenas bajo condiciones sociales distintas a las de las colonias anglosajonas (Sublette, 2004). Nueva Orleans, con su historia francesa, española y caribeña, su condición católica y su contacto constante con el Caribe, se convirtió en un nodo central de estos intercambios. No es casual que músicos como Jelly Roll Morton destacaran la importancia de lo que denominaban “el matiz español” en la gestación del jazz temprano. La habanera cubana, por ejemplo, influyó directamente en el jazz de Nueva Orleans, mostrando cómo las danzas caribeñas se integraron en la música afroamericana.

Las diferencias entre los contextos coloniales católicos y protestantes también influyeron en la preservación cultural. En muchas regiones del Caribe y de América Latina, el sincretismo religioso y musical permitió una mayor continuidad de prácticas africanas. En cambio, en gran parte de las colonias protestantes de América del Norte, la represión sistemática de expresiones culturales africanas —como el uso del tambor— contribuyó a una transformación más radical de esas tradiciones (Thornton, 1998). Aun así, la música afroamericana logró reinventarse, articulando memorias africanas fragmentadas con nuevas formas expresivas. La dimensión espiritual, heredada tanto de África como del islam, se reconfiguró en el marco del cristianismo afroamericano, dando lugar a los spirituals y al gospel, que luego alimentaron el blues y el jazz.

Desde esta perspectiva, el jazz y los blues no deben entenderse ni como una supervivencia intacta de África ni como un producto derivado de una sola tradición externa, sea europea o islámica. Son el resultado de un proceso histórico de reinvención cultural, en el que memorias africanas, influencias islámicas, formas europeas y experiencias sociales americanas se articularon de manera dinámica y conflictiva. Reconocer esta complejidad no diluye la centralidad de la herencia africana; por el contrario, permite comprenderla en toda su profundidad histórica y cultural, situando a la música afroamericana como una de las expresiones más ricas y significativas del mundo moderno.

Por Marcelo Bettoni

Referencias

Farmer, H. G. (1997). Historical facts for the Arabian musical influence. London: Luzac.

García, D. (2019). Listening for Africa: Freedom, modernity, and the music of Africa. Duke University Press.

Gioia, T. (2011). The history of jazz (2nd ed.). Oxford University Press.

Hunwick, J. (1992). Religion and national integration in Africa: Islam, Christianity, and politics in the Sudan and Nigeria. Northwestern University Press.

Kubik, G. (1999). Africa and the blues. University Press of Mississippi.

Levine, L. (1977). Black culture and black consciousness: Afro-American folk thought from slavery to freedom. Oxford University Press.

Lindgren, G. (2011). El blues y el jazz tienen sus raíces en la música árabe. Páginas Árabes.

Menocal, M. R. (2002). The ornament of the world: How Muslims, Jews, and Christians created a culture of tolerance in medieval Spain. Little, Brown.

Restall, M. (2000). Black conquistadors: Armed Africans in early Spanish America. The Americas, 57(2), 171–205.

Shiloah, A. (1995). Music in the world of Islam: A socio-cultural study. Wayne State University Press.

Sublette, N. (2004). Cuba and its music: From the first drums to the mambo. Chicago Review Press.

Thornton, J. (1998). Africa and Africans in the making of the Atlantic world, 1400–1800 (2nd ed.). Cambridge University Press.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

49 + = 53
Powered by MathCaptcha