
Fletcher Henderson (1897-1952) fue una figura clave en la transformaci├│n del jazz orquestal, aun cuando su nombre nunca alcanz├│ la popularidad de Duke Ellington, Count Basie o Benny Goodman. Al igual que muchos directores de su ├®poca, Henderson mir├│ inicialmente hacia Paul Whiteman, intentando emular su sonoridad majestuosa y su ├®xito entre el p├║blico blanco de Nueva York. Sin embargo, terminar├¡a abriendo un camino mucho m├ís influyente: el del jazz de big band.
Nacido en Cuthbert, Georgia, en el seno de una familia de clase media, Henderson creció en un hogar donde el jazz no era bien visto. Estudió música clásica con su madre y se graduó en química en la Universidad de Atlanta, con la idea de seguir los pasos de su padre, profesor de matemáticas y latín. Su destino cambió tras mudarse a Nueva York en 1920: allí, mientras comenzaba estudios de posgrado, se abrió paso en el mundo de la música, primero como pianista acompañante de cantantes como Ethel Waters y Bessie Smith, y luego como organizador de bandas de baile en clubes y salones de Manhattan.
En 1924, Henderson firm├│ un contrato prolongado con el lujoso Roseland Ballroom, epicentro de la vida nocturna en Broadway. Su orquesta, integrada por algunos de los mejores m├║sicos negros de la ciudad ÔÇöentre ellos un joven saxofonista llamado Coleman HawkinsÔÇö ofrec├¡a un repertorio de moda que inclu├¡a fox-trots, tangos y valses para un p├║blico mayoritariamente blanco. Sin embargo, tras esos compromisos comerciales, Henderson buscaba darle a su banda una identidad propia dentro del jazz, algo que empez├│ a cristalizar con la llegada de un colaborador fundamental: Don Redman.
Don Redman (1900-1964), un ni├▒o prodigio de Virginia Occidental, era multiinstrumentista y graduado en m├║sica por el Storer College. Se incorpor├│ a la orquesta como arreglista y, poco a poco, revolucion├│ su sonido. Al comienzo, Henderson se apoyaba en arreglos de stock, simples versiones editoriales de canciones populares. Redman los tom├│ como punto de partida y los transform├│, aportando ideas innovadoras que convirtieron a la orquesta en un verdadero laboratorio del jazz sinf├│nico.
Su mayor aporte fue concebir la big band como una unidad organizada en secciones: ca├▒as (saxofones y clarinetes), trompetas, trombones y base r├¡tmica (piano, contrabajo o tuba, banjo o guitarra y bater├¡a). Esta estructura ÔÇögeneralmente unos quince m├║sicosÔÇö se convirti├│ en el modelo est├índar de las grandes orquestas de swing. Redman combinaba la energ├¡a del jazz de Chicago con t├®cnicas derivadas de la tradici├│n de Nueva Orleans, como las pausas cortas para variar texturas y los di├ílogos de llamada y respuesta entre secciones. No obstante, en lugar de apoyarse en la improvisaci├│n colectiva, prefer├¡a una polifon├¡a escrita y cuidadosamente ensayada.
Gracias a esta alianza entre Henderson y Redman, la orquesta alcanz├│ un sonido sofisticado y vibrante que inspir├│ a toda una generaci├│n. El propio Duke Ellington confes├│ que, al llegar a Manhattan con el sue├▒o de formar su banda, deseaba que la suya sonara como la de Henderson. Durante la segunda mitad de los a├▒os veinte, esta orquesta fue considerada la mejor del mundo del jazz, y aunque perdi├│ terreno con el ascenso de Ellington a fines de la d├®cada, sus aportes se consolidaron en la Era del Swing.
En definitiva, Henderson y Redman fueron arquitectos de un nuevo lenguaje: lograron conservar la vitalidad del jazz de peque├▒a escala dentro de una orquesta grande, sentando las bases de la big band moderna y definiendo un estilo que marcar├¡a la m├║sica popular estadounidense en las d├®cadas siguientes.
Por Marcelo Bettoni