
La presencia africana en la conformación de las culturas americanas ha sido profunda y diversa, pero entre sus múltiples contribuciones, la dimensión musical ocupa un lugar especialmente significativo. Este reconocimiento no se limita al campo de la musicología, sino que también ha sido señalado por historiadores, antropólogos y estudiosos de la cultura en general. Diversas investigaciones coinciden en que la expresión musical constituye uno de los aportes más visibles, persistentes y estructurales de las tradiciones africanas en el continente americano.
El antropólogo Melville J. Herskovits propuso una clasificación destinada a medir el grado de permanencia de rasgos culturales africanos en América, estableciendo distintos niveles de conservación que van desde manifestaciones claramente africanas hasta aquellas donde solo subsisten vestigios mínimos. Dentro de este marco, observó que mientras ámbitos como la lengua o la religión presentan transformaciones notables según las regiones, la música evidencia una continuidad mucho más marcada, constituyéndose como uno de los espacios de mayor persistencia cultural.
Esta continuidad puede explicarse por el papel social de la música en las culturas africanas, donde la práctica sonora se vincula con la vida comunitaria, los rituales, el trabajo y la organización social. La centralidad del ritmo, la relación entre música y movimiento corporal, la improvisación colectiva y la organización polirrítmica constituyen principios estructurales que se proyectaron en las músicas americanas a través de los procesos históricos de la diáspora africana.
Entre los elementos que evidencian esta herencia, el ritmo ocupa una posición central. Su relevancia en la configuración de las músicas americanas, y particularmente de las latinoamericanas, resulta innegable. Sin embargo, la presencia de rasgos rítmicos de origen africano no se limita únicamente a los territorios que recibieron grandes contingentes de población esclavizada, sino que se manifiesta —con diferentes grados de intensidad— en un espacio geográfico que abarca prácticamente toda América Latina, producto de complejos procesos de intercambio cultural y transculturación, concepto desarrollado por Fernando Ortiz.
En este marco histórico y cultural, el surgimiento del jazz constituye uno de los ejemplos más claros de la continuidad y transformación de principios musicales africanos en América. Desarrollado a comienzos del siglo XX en New Orleans, el género sintetiza elementos africanos, europeos y caribeños en un lenguaje musical nuevo. Entre sus rasgos fundamentales se reconocen la organización polirrítmica del tiempo musical, la improvisación colectiva, las estructuras de llamada y respuesta y la centralidad del cuerpo en la experiencia sonora, características vinculadas a tradiciones musicales del África occidental. Figuras como Louis Armstrong consolidaron estas prácticas en un lenguaje moderno que expresa la memoria cultural de la diáspora africana y evidencia la continuidad de modelos estéticos africanos en el mundo atlántico.
A pesar de la importancia de estos procesos, el estudio de las transformaciones y adaptaciones de los patrones rítmicos ha sido relativamente limitado. Durante mucho tiempo se difundieron interpretaciones simplificadoras que asociaron el ritmo ternario exclusivamente con la herencia europea y el binario con la africana, desconociendo la complejidad de las tradiciones musicales africanas y de sus múltiples formas de reorganización en el contexto americano.
En consecuencia, el análisis de las estructuras rítmicas latinoamericanas revela la necesidad de superar estos enfoques dicotómicos y reconocer la coexistencia de múltiples influencias culturales. La presencia de elementos africanos en formas musicales consideradas tradicionalmente de origen europeo, así como la diversidad de soluciones rítmicas desarrolladas en distintos contextos históricos, evidencia la complejidad de los procesos de formación musical en América. Desde esta perspectiva, el estudio del ritmo y de las prácticas musicales afroamericanas permite comprender no solo la historia de las músicas del continente, sino también los procesos de intercambio cultural, resistencia y transformación que contribuyeron a la construcción de la identidad musical latinoamericana. Por Marcelo Bettoni
📚 Referencias (formato APA 7)
Gilroy, P. (1993). The Black Atlantic: Modernity and double consciousness. Harvard University Press.
Herskovits, M. J. (1945). The myth of the Negro past. Harper & Brothers.
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