
A comienzos del siglo XIX, Filadelfia ocupaba un lugar singular en la geografía cultural de los Estados Unidos. Era un centro intelectual dinámico y, al mismo tiempo, un espacio donde la comunidad afroamericana libre comenzaba a construir instituciones propias, redes educativas y formas de expresión artística. No resulta casual que en ese contexto emergiera una figura como la de Elizabeth Taylor Greenfield (c. 1824–1876), considerada la primera gran cantante negra de concierto en la historia del país.
Nacida esclava en Natchez, Mississippi, fue trasladada siendo niña a Filadelfia y adoptada por una mujer cuáquera, la señora Greenfield. La paradoja es significativa: en el seno de una comunidad religiosa que miraba con recelo las prácticas musicales, la joven Elizabeth recibió formación vocal y encontró el estímulo necesario para desarrollar un talento excepcional. Aquella decisión temprana marcaría un destino artístico que desbordaría las fronteras raciales y sociales de su tiempo.
Su debut en 1851, ante la Asociación Musical de Buffalo, no solo consolidó su reputación como intérprete, sino que puso en evidencia la potencia simbólica de su presencia en escena. La prensa comenzó a llamarla “el Cisne Negro”, en alusión tanto a la belleza de su timbre como a la amplitud extraordinaria de su registro. Las crónicas de la época, teñidas de prejuicios propios del siglo XIX, no podían ocultar la sorpresa ante una voz capaz de abarcar graves profundos y agudos luminosos con igual solvencia. Aquella amplitud —comparada con la de figuras líricas europeas— desafiaba los estereotipos raciales dominantes.
Entre 1851 y 1853 realizó giras bajo la dirección del coronel J. H. Wood, y en 1853 viajó a Londres para perfeccionar su técnica. Allí estudió con George Smart, organista de la Capilla Real, y cantó incluso ante la reina Victoria. El respaldo de figuras como la duquesa de Sutherland y Harriet Beecher Stowe revela hasta qué punto su figura había trascendido el mero acontecimiento musical para convertirse en un símbolo cultural.
Al regresar a los Estados Unidos, Greenfield no se limitó a la actividad concertística. Fundó un estudio musical en Filadelfia y, durante la década de 1860, organizó una compañía de ópera que fortaleció la vida artística de la comunidad afroamericana. Su labor pedagógica y organizativa anticipa un rasgo fundamental en la historia de la música negra en América: la construcción de espacios propios frente a la exclusión institucional.
En su órbita también se formó Thomas Bowers (c. 1826–1885), apodado “el Mario de color” por la semejanza de su voz con la del tenor italiano Giovanni Mario. Como su maestra, Bowers combinó la enseñanza con la actividad concertística, ampliando el horizonte profesional de los cantantes afroamericanos en un período marcado por profundas tensiones raciales. Su hermana, Sarah Sedgewick Bowers, conocida como “el Ruiseñor de color”, completaba ese núcleo artístico que comenzaba a delinear una tradición vocal propia.
La historia de Greenfield no pertenece aún al universo del jazz, pero forma parte de la genealogía cultural que lo hará posible. Antes de que el blues y el ragtime redefinieran el paisaje sonoro estadounidense, estas voces ya habían disputado el derecho a ocupar el escenario. En ellas se insinúa una pregunta que atravesará toda la música afroamericana: ¿cómo transformar una experiencia de marginación en afirmación estética?
En esa tensión —entre exclusión y excelencia, entre prejuicio y reconocimiento— comienza a delinearse una de las raíces más profundas de la tradición musical negra en Estados Unidos.
Bibliografía
Globe. (1852, 12–15 de mayo). [Reseña del concierto de Elizabeth Greenfield]. Toronto, Canadá.
Smart, G. (1853). Registros de la Capilla Real [Archivo histórico]. Chapel Royal, Londres.
Stowe, H. B. (1853). Correspondencia y apoyo a Elizabeth Greenfield [Documentos históricos].
Library of Congress. (s. f.). Elizabeth Taylor Greenfield (“The Black Swan”) [Litografía]. New York Public Library Digital Collections. (s. f.). Elizabeth Taylor Greenfield portrait. Harvard Theatre Collection. (s. f.). Handbill for a concert by Elizabeth Taylor Greenfield. Harvard University