Antes, durante y después de la Guerra Civil estadounidense, innumerables personas, en su mayoría anónimas, contribuyeron a la formación de un rico patrimonio musical afroamericano. Esta cultura musical fue diversa, variando con el tiempo y según la región. Existían claras diferencias entre el Norte y el Sur, entre el Este, el Medio Oeste y el Oeste, entre zonas urbanas y rurales, y entre los períodos previo y posterior a la Guerra Civil. A pesar de estas distinciones, el legado afroamericano constituyó la base sobre la que se desarrollaría el jazz hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Gran parte de esta herencia musical proviene de África. Los primeros esclavos llegaron al Nuevo Mundo a comienzos del siglo XVII, y la esclavitud se mantuvo por más de doscientos años. Separados de sus hogares, especialmente de las selvas de la costa occidental africana —incluyendo Senegal, Guinea y el delta del Níger—, los esclavos enfrentaron la destrucción de sus familias y la eliminación de estructuras sociales bien definidas.

A pesar de ello, muchas tradiciones musicales africanas sobrevivieron y se fusionaron con las influencias europeas y estadounidenses. La geografía influyó decisivamente en la preservación de estas tradiciones: en regiones donde los blancos vivían separados de los afroamericanos, los esclavos lograban conservar más elementos de su cultura musical. Así ocurrió, por ejemplo, en las Islas del Mar de Georgia y Carolina del Sur, donde la comunidad Gullah mantuvo prácticas musicales y lingüísticas africanas que aún sobreviven. En contraste, en el noreste de Estados Unidos, la menor concentración de esclavos y la interacción frecuente con blancos dificultó la conservación de tradiciones africanas.

En las plantaciones del sureste, más grandes y con numerosos esclavos viviendo en grupos separados, algunas tradiciones africanas pudieron persistir. Además, muchos propietarios fomentaban que los esclavos aprendieran música europea, al tiempo que interpretaban sus propias melodías. Esta interacción generó un terreno fértil para la aparición de nuevas formas musicales.

Características africanas que influyeron en el jazz

Para comprender cómo la música africana llegó a formar parte de la cultura afroamericana, conviene identificar algunos rasgos esenciales de la tradición musical africana, especialmente de las tribus de África occidental sub-sahariana, de donde provino la mayoría de los esclavos:

: Un solista improvisa una línea melódica (la llamada) y el grupo responde, a menudo superponiendo su respuesta sobre la frase inicial. La colocación inesperada de acentos en notas débiles —lo que conocemos como sincopación— es una marca distintiva. Superposición de distintos patrones rítmicos sobre un pulso común, creando texturas complejas que la audición occidental percibe como simultáneas.Entre muchas otras característica que desarrollo en mi libro Las Rutas del Jazz

Estos elementos se trasladaron a la música afroamericana, adaptándose a las condiciones locales. La prohibición de tambores por parte de los dueños y la Iglesia llevó a los esclavos a sustituirlos con percusión corporal, mediante palmas, pisadas y golpes en el cuerpo (“patting juba”), preservando así la complejidad rítmica africana en melodías sincopadas y ritmos cruzados.

La música africana, con su énfasis en el ritmo y la interacción social, no solo acompañaba el trabajo o los rituales religiosos, sino que también generó una estética musical que sería fundamental para el desarrollo del blues y, posteriormente, del jazz. Elementos como la polirritmia, la sincopación y el call-and-response siguen siendo centrales en el jazz contemporáneo, mostrando cómo la herencia africana se mantuvo viva a pesar de siglos de desplazamiento y opresión. Por Marcelo Bettoni

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