jazz en Estados Unidos. La Gran Depresión golpeó con fuerza a la industria musical: editoriales y discográficas enfrentaban serias dificultades económicas y el jazz, aún considerado un territorio marginal y arriesgado, rara vez recibía el apoyo necesario para su estudio o difusión. En este contexto de precariedad, la música afroamericana, en pleno proceso de consolidación como lenguaje artístico, parecía relegada a un segundo plano.

Sin embargo, la década trajo consigo un impulso inesperado desde Europa. Entre 1934 y 1936, tres libros originalmente escritos en francés irrumpieron en el panorama estadounidense y ofrecieron nuevas perspectivas sobre la música de jazz. El primero, Hot Discography de Charles Delaunay, constituyó la primera obra de referencia sistemática sobre grabaciones de jazz, reuniendo información valiosa sobre las primeras sesiones y sus intérpretes. Esta obra sentó las bases para que la historia del jazz pudiera ser documentada con rigor, incluso en un momento en que el género carecía de reconocimiento institucional en su país de origen.

Los otros dos libros, de Robert Goffin y Hughes Panassié, introdujeron una aproximación distinta: más cercana a la pasión del aficionado que al análisis académico. En particular, Hot Jazz, de Panassié, se convirtió en el prototipo del escritor de jazz de los años 30. Panassié y sus contemporáneos no se definían estrictamente como críticos; eran entusiastas desbordantes, capaces de transmitir un entusiasmo genuino por la música. Sin embargo, lo que distinguía a Panassié era su combinación de pasión, sensibilidad auditiva y visión perspicaz. Al tomar el jazz en serio, otorgándole un lugar en la historia cultural y no solo en la pista de baile, su obra representó un avance significativo en la manera de comprender y valorar este lenguaje musical.

De este modo, Europa se convirtió en un catalizador inesperado para la crítica de jazz en Estados Unidos. Las publicaciones francesas no solo ofrecieron información valiosa sobre la música, sino que también demostraron que el jazz podía ser objeto de análisis, discusión y aprecio más allá de la mera diversión popular. Gracias a estas obras, se sentaron las bases para la consolidación de la crítica especializada en el país de origen del género, marcando el inicio de un diálogo transatlántico que enriquecería la comprensión y la historia del jazz durante las décadas siguientes. Por Marcelo Bettoni

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