El 9 de febrero de 1926, en un estudio de grabación de Nueva York, tuvo lugar un episodio que, en apariencia menor, condensa varias de las tensiones, desplazamientos y promesas del jazz temprano. Ese día, la Andy Preer’s Cotton Club Orchestra registró una de las primeras versiones de “I Found a New Baby”, composición reciente de Jack Palmer y Spencer Williams. La sesión, sin embargo, estuvo atravesada por una ausencia decisiva: Andy Preer ya no estaba con vida.

Preer había fallecido apenas seis días antes, el 3 de febrero, a los 32 años. Director musical del Cotton Club desde sus inicios, fue una figura central en la consolidación de un modelo orquestal que combinaba rigor formal, empuje rítmico y una estética afroamericana plenamente consciente de su tiempo histórico. En ese contexto, la grabación de “I Found a New Baby” adquirió un carácter singular: se convirtió en un documento póstumo, una música que continuaba diciendo algo cuando su principal arquitecto ya no podía oírla.

La canción había sido compuesta pocos meses antes y aún no había alcanzado el estatus de estándar. Sin embargo, su diseño interno permite comprender por qué estaba destinada a circular con rapidez entre los músicos. Presenta una melodía directa y flexible, propicia para el fraseo improvisado; una armonía clara y funcional, capaz de sostener el desarrollo individual sin perder cohesión colectiva; y un pulso rítmico que dialoga tanto con el cuerpo —el baile— como con una escucha más atenta. En muchos sentidos, se trataba de un material ideal para una orquesta como la del Cotton Club.

Pero esta grabación no señala únicamente un final. También marca un punto de cruce. Entre los músicos presentes en la sesión se encontraba el trompetista Lammar Wright (1907–1973), recientemente incorporado al conjunto y procedente de la orquesta de Bennie Moten en Kansas City. Su presencia resulta reveladora: Wright traía consigo una concepción del jazz forjada en otro entorno, más estrechamente ligada al blues, al uso del riff colectivo y a una relación más elástica con el tiempo musical.

Kansas City funcionaba entonces como un verdadero laboratorio rítmico y expresivo, menos condicionado por las exigencias del espectáculo neoyorquino y más orientado a la interacción entre músicos. La llegada de Wright al Cotton Club simboliza uno de los rasgos centrales del jazz de los años veinte: el desplazamiento constante de intérpretes, ideas y estilos entre distintas regiones, escenas y tradiciones, en un proceso continuo de reformulación del lenguaje común del género.

En ese marco, “I Found a New Baby” puede pensarse como una pieza bisagra. Ya no pertenece plenamente al jazz primitivo asociado a Nueva Orleans, pero tampoco anticipa del todo la sofisticación armónica y formal que caracterizaría a buena parte del swing en la década siguiente. Se sitúa en una zona intermedia, donde la improvisación comienza a afirmarse como voz individual sin desprenderse por completo de la lógica colectiva del ensemble.

La orquesta de Preer, aun sin su líder, logra sostener ese delicado equilibrio. La disciplina del conjunto convive con momentos de expansión solista; el arreglo no sofoca la vitalidad rítmica, sino que la canaliza. El resultado es un sonido que refleja el espíritu del Cotton Club en su fase temprana: un espacio cargado de contradicciones, donde la creatividad afroamericana florecía en un contexto atravesado por la segregación, la exotización y el consumo blanco del jazz como espectáculo nocturno.

Que Preer no haya llegado a escuchar esta grabación añade una dimensión casi simbólica al episodio. Su muerte prematura interrumpe una trayectoria que podría haber tenido un desarrollo mayor, pero su legado queda inscripto en estas tomas finales, donde el jazz aparece ya como un lenguaje en tránsito, impulsado por nuevas generaciones de músicos y nuevas formas de organización sonora.

En esta versión temprana, “I Found a New Baby” no es solo una canción exitosa: es un testimonio sonoro de un momento de transición, en el que convergen la despedida de una figura clave, la irrupción de un trompetista que encarna otro mundo estilístico y la consolidación de un repertorio que comenzaba a circular como patrimonio compartido del jazz.

Pie de foto

Andy Preer’s Cotton Club Orchestra (de izquierda a derecha):
De Priest Wheeler (trombón), Morris White (banjo), Lammar Wright (trompeta), Earres Prince (piano), R. Q. Dickerson (trompeta), Leroy Maxey (batería), Andy Preer (violín), Jimmy Smith (tuba), Andy Brown (saxo tenor), David Jones (saxo alto), George C. Scott (saxo alto, clarinete).
Finales de 1926.

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