
El proceso de conformación de las primeras congregaciones afroamericanas autónomas no puede leerse únicamente como un episodio religioso. Se trata, en sentido profundo, de una experiencia de organización comunitaria, de afirmación cultural y de resistencia simbólica en un contexto atravesado por la esclavitud, la segregación y la exclusión institucional. La iglesia negra temprana fue, antes que nada, un espacio de voz propia.
Las primeras congregaciones con algún grado de autogobierno surgieron dentro del movimiento bautista en las colonias del sur, particularmente en Georgia. Una figura temprana y paradigmática es la de George Leile (ca. 1751–?), esclavo de un diácono bautista y uno de los primeros hombres negros autorizados a predicar, aunque solo como exhortador. Ya en 1774, Leile recorría las plantaciones a lo largo del río Savannah, predicando a personas esclavizadas en un gesto que combinaba evangelización, circulación de la palabra y construcción de comunidad. La pequeña congregación que fundó en Silver Bluff, en la frontera entre Georgia y Carolina del Sur, fue desarticulada durante la Guerra de Independencia, pero su experiencia anticipó un fenómeno mayor. En 1782, Leile se trasladó a Jamaica, donde continuó su trabajo con grupos bautistas, extendiendo esta tradición religiosa afroatlántica más allá del territorio continental.
La primera congregación negra estable y permanente en los Estados Unidos fue la First African Baptist Church de Savannah, fundada en 1788 por Andrew Bryan (1737–1812). Bryan, también esclavo en el momento de su ordenación como ministro bautista, logró comprar su libertad dos años más tarde y consolidó a su congregación en un edificio propio en 1794. Este gesto —la adquisición de un espacio físico autónomo— no fue menor: implicó la afirmación de un territorio simbólico y material donde la comunidad podía organizar su vida espiritual sin la tutela directa de la iglesia blanca.
Procesos similares se desarrollaron en el norte. En Boston, bajo el liderazgo de Thomas Paul (1773–1831), se fundó en 1805 la African Baptist Church, cuyo templo, construido al año siguiente, sigue en pie y es hoy el edificio de iglesia negra más antiguo del país. Hacia 1808, Paul colaboró en la creación de la Abyssinian Baptist Church en Nueva York, mientras que ese mismo año Filadelfia estableció su propia First African Baptist Church. A comienzos del siglo XIX se sumaron otras instituciones clave, como la First African Presbyterian Church de Filadelfia (1807) y la St. Philip’s Episcopal Church de Nueva York (1818).
El grado de independencia de estas congregaciones fue desigual. En muchos casos —especialmente en el Sur— persistieron formas de control blanco: ministros impuestos, consejos supervisores o limitaciones institucionales. Sin embargo, incluso en esas condiciones, las iglesias negras ofrecían una libertad de culto considerablemente mayor que la disponible dentro de las iglesias “madre” blancas. Allí se desarrollaron prácticas litúrgicas más expresivas, una retórica más cercana a la experiencia cotidiana y una espiritualidad atravesada por la memoria del sufrimiento y la esperanza de redención.
Esa relativa autonomía fue percibida como una amenaza. En el Sur, la mayoría de las congregaciones independientes fueron disueltas tempranamente, en especial tras la conspiración de Denmark Vesey en 1821 y la insurrección de Nat Turner en 1831. El hecho de que ambos líderes fueran predicadores reforzó la sospecha de que la religión negra funcionaba como un espacio de organización política encubierta. La respuesta fue la promulgación de leyes represivas que afectaron de manera directa a las comunidades religiosas afroamericanas. No será sino hasta después de la Guerra Civil que las congregaciones negras independientes reaparezcan con fuerza en el sur del país.
Dentro de este panorama, el metodismo ocupa un lugar singular. Desde sus orígenes en las colonias, la Iglesia Metodista había mostrado una notable apertura hacia los sectores populares, incluidos los afroamericanos. Ya en la década de 1760, una esclava conocida como la tía Annie figura entre sus primeras conversas, y hacia fines del siglo XVIII los negros constituían aproximadamente una quinta parte de la membresía metodista. La prédica directa, el énfasis emocional y la accesibilidad del mensaje metodista resultaban particularmente afines a las necesidades espirituales de la población negra.
Sin embargo, esta inclusión inicial no eliminó la discriminación. Durante la década de 1780, el descontento de los metodistas negros frente al trato desigual en las iglesias blancas se volvió cada vez más explícito. En Baltimore, ya en 1787, se organizaron como grupo autónomo; en Nueva York, en 1796, abandonaron la John Street Methodist Episcopal Church para fundar su propia congregación, conocida como Zion Chapel. Pero fue en Filadelfia donde el conflicto alcanzó su expresión más emblemática.
Allí, miembros de la Free African Society, entre ellos Richard Allen, comenzaron a impulsar la creación de una iglesia independiente. Aunque contaban con el apoyo de figuras blancas influyentes como Benjamin Rush y Benjamin Franklin, continuaban asistiendo a la Old St. George’s Methodist Church. Allen y Absalom Jones habían sido autorizados a predicar —los primeros hombres negros en recibir licencias metodistas— y el crecimiento de la feligresía negra fue tan marcado que despertó resistencias abiertas. En 1792, tras una remodelación del templo, se exigió que los fieles negros abandonaran sus asientos habituales y se trasladaran a una galería segregada. El episodio, relatado por Allen en su autobiografía, culminó con la salida colectiva de los afroamericanos del templo, en un gesto de dignidad silenciosa pero contundente.
Ese acto selló una ruptura histórica. En 1794 se inauguró la African Episcopal Church of St. Thomas, que optó por alinearse con la tradición episcopal, y Absalom Jones se convirtió años más tarde en el primer sacerdote episcopal negro del país. Richard Allen, en cambio, eligió permanecer dentro del metodismo y fundó su propia congregación en un antiguo taller de herrería adquirido por él mismo. Ordenado diácono en 1799, Allen defendió el metodismo por considerar que su lenguaje sencillo y su intensidad emocional respondían mejor a la experiencia espiritual de su comunidad.
Así, la historia de las primeras congregaciones negras revela algo más que una sucesión de instituciones religiosas: muestra cómo la fe se convirtió en un espacio de negociación entre opresión y libertad, entre control y expresión. En esos templos se forjó una cultura religiosa que anticipa muchas de las formas de organización, resistencia y creatividad que atravesarán, más tarde, la música, la política y la vida social afroamericana.
Por Marcelo Bettoni
Bibliografia
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