
La masacre del Zong ocurrió en 1781 y constituye uno de los ejemplos más extremos de la violencia legal y moral inherente al sistema de la trata transatlántica de personas esclavizadas. Como consecuencia de graves errores de navegación, el navío negrero británico Zong sufrió una severa escasez de agua potable mientras realizaba la travesía hacia el Caribe. Ante esta situación, la tripulación decidió arrojar al mar a más de 130 africanos esclavizados.
Lejos de responder a una necesidad inmediata de supervivencia, la decisión estuvo guiada por un cálculo económico respaldado por el marco jurídico vigente. En el derecho marítimo del siglo XVIII, las personas esclavizadas eran consideradas legalmente mercancía, y las pólizas de seguro contemplaban indemnizaciones por la pérdida de “carga” sacrificada en el mar, pero no por muertes derivadas de enfermedades, inanición o negligencia. Al presentar el hecho como una pérdida material y no como el resultado de su propia impericia, los responsables intentaron asegurar una compensación económica.
El proceso judicial posterior, conocido como Gregson contra Gilbert, no abordó inicialmente los acontecimientos como un crimen de homicidio, sino como un conflicto comercial entre aseguradores y propietarios. Este enfoque revela hasta qué punto la deshumanización se encontraba institucionalizada en la economía esclavista. La masacre del Zong expone con crudeza la convergencia entre capitalismo, derecho y violencia racializada, y demuestra cómo los marcos legales y económicos del Atlántico esclavista no solo permitieron, sino que contribuyeron a normalizar atrocidades de esta magnitud.