El Pinkster Day, nombre popular con el que se conocía al domingo de Pentecostés (o Whitsunday en la tradición anglicana), fue originalmente una de las festividades centrales de las comunidades neerlandesas asentadas en América del Norte. Con el tiempo, la celebración fue adoptada también por colonos ingleses en Nueva York, sectores de Pensilvania y Maryland, convirtiéndose en un evento de gran relevancia social durante el período colonial.

La referencia más temprana conocida al término Pinkster aparece en un sermón de 1667, escrito por Adrian Fischer, titulado Story of the Descent of the Holy Ghost on the Apostles on “Pinckster Dagh”. Sin embargo, más allá de su origen cristiano europeo, la festividad adquirió progresivamente un carácter profundamente distinto: tras los primeros días de celebración formal, las poblaciones negras —esclavizadas y libres— tomaban el control absoluto del evento, transformándolo en un espacio de expresión cultural africana.

Durante Pinkster, los africanos y afrodescendientes realizaban danzas del Congo, cantos responsoriales y prácticas musicales que remitían directamente a sus memorias corporales y sonoras africanas. Estas celebraciones atraían multitudes de espectadores blancos, tanto urbanos como rurales. No es casual que historiadores locales describieran el evento como “Pinkster, el carnaval de los africanos”, ni que novelistas del siglo XIX lo evocaran como una suerte de Saturnalia negra, comparable a las descripciones del Place Congo en Nueva Orleans a comienzos del siglo XIX (Cooper, 1845).

Pinkster en Albany: música, danza y soberanía simbólica

La descripción más extensa y temprana de estas celebraciones se encuentra en una oda publicada en Albany en 1803, dedicada a la danza de Pinkster. El poema —de más de cuarenta y cinco estrofas— estaba consagrado a “Carolus Africanus, Rex”, conocido popularmente como King Charles, figura central del festival. El texto deja en claro el tono africano del acontecimiento, mencionando explícitamente la Guinea dance liderada por Charles.

King Charles (ca. 1699–1824) no solo presidía simbólicamente el evento: tocaba el tambor principal y “llamaba” las danzas, acompañado por un conjunto instrumental que incluía banjo, violines, pífanos, tambores y el llamado “hollow drum”. Esta instrumentación híbrida revela ya una temprana superposición entre tradiciones africanas y europeas, un rasgo que será estructural en la futura música afroamericana.

Un testimonio particularmente vívido aparece en el relato de Dr. James Eights, publicado en 1857, quien afirma haber presenciado las celebraciones durante su infancia, probablemente en la década de 1770. Según Eights, el espacio del festival en Albany —ubicado en una colina donde hoy se levanta el Capitolio estatal— estaba organizado como un gran rectángulo, rodeado de puestos, carpas y atracciones propias de una feria popular, mientras que el centro quedaba reservado exclusivamente para la danza.

El ritual incluía incluso una puesta en escena de jerarquía y soberanía simbólica: el primer día era considerado impropio para la “nobleza negra”, pero en la segunda jornada una delegación acudía formalmente a rendir homenaje al rey del festival, el anciano Old King Charley, descrito como un hombre traído de Angola, presuntamente de linaje real, de notable agilidad pese a su avanzada edad.

Vestido con un uniforme de brigadier británico —casaca escarlata, encajes dorados, pantalones de gamuza amarilla y sombrero tricorne—, Charley avanzaba ceremoniosamente hacia el centro del espacio, donde comenzaba la música. El tambor principal, fabricado a partir de una trampa de anguilas recubierta con piel de oveja, marcaba el pulso mientras los cantos rítmicos (“Hi-a-bomba, bomba, bomba”) eran coreados por los participantes y el público femenino, generando un entramado polirrítmico de canto, percusión corporal y danza colectiva.

A medida que avanzaban los días, la intensidad del baile aumentaba. Las jornadas se repetían hasta completar casi una semana entera de celebración. Solo el domingo ponía fin a la efervescencia, devolviendo a la ciudad su aparente normalidad.

Con el paso del tiempo, y ya superados los cien años de edad, King Charley abandonó la danza, pero continuó marcando el pulso desde el tambor, ahora acompañado por lo que los cronistas describen como “extraños aires africanos”. Tras su retiro definitivo, el festival fue perdiendo vigor, hasta que en 1811 el concejo municipal de Albany prohibió la instalación

En Manhattan, el epicentro de Pinkster fue el área hoy conocida como City Hall Park. Allí se reunían miles de personas negras, provenientes incluso de distancias de treinta o cuarenta millas. Aunque la celebración duraba solo tres días y no alcanzaba la intensidad de Albany, seguía siendo un evento de enorme impacto cultural.

Cientos de espectadores observaban a los músicos y bailarines afrodescendientes cantar canciones africanas, tocar banjos y danzar al ritmo de tambores construidos con troncos huecos y pieles tensadas, una tecnología musical que conecta directamente con África occidental y central.

Leídas desde una perspectiva contemporánea, las celebraciones de Pinkster no fueron simples festividades folclóricas, sino espacios de resistencia simbólica, donde las comunidades africanas y afrodescendientes lograron reafirmar identidades, memorias sonoras y estructuras musicales en el corazón mismo de la sociedad colonial. En estas prácticas colectivas se encuentran raíces profundas del groove, la polirritmia, la llamada y respuesta y la centralidad del cuerpo, elementos que más tarde darán forma al blues, al jazz y a toda la música afroamericana moderna.

Referencias

Cooper, J. F. (1845). Satanstoe; or, The Littlepage manuscripts: A tale of the colony. Burgess, Stringer & Co.

Eights, J. (1867). Pinkster festivities in Albany. En J. Munsell (Ed.), Collections on the history of Albany (Vol. 2, pp. 323–327). J. Munsell.
(Trabajo original publicado en The Cultivator, 1857)

Fischer, A. (1667). Story of the descent of the Holy Ghost on the Apostles on “Pinckster Dagh”. Amsterdam.

Hazzard-Gordon, K. (1990). Jookin’: The rise of social dance formations in African-American culture. Temple University Press.

Peretti, B. W. (2009). Lift every voice: The history of African American music. Rowman & Littlefield.

Platt, O. (1900). Negro governors. New Haven Historical Society Quarterly, 6, 321–331.

Southern, E. (1997). The music of Black Americans: A history (3rd ed.). W. W. Norton & Company.

Thompson, R. F. (1983). Flash of the spirit: African and Afro-American art and philosophy. Vintage Books.

White, S. (1998). Pinkster: Afro-Dutch syncretization in New York City and the Hudson Valley. Journal of American Folklore, 111(441), 213–231.

Estas fuentes sostienen históricamente la descripción de Pinkster como festividad afroamericana de fuerte raíz africana. hompson, Southern y Hazzard-Gordon permiten fundamentar musicológicamente los conceptos de ritmo, cuerpo, memoria y llamada–respuesta. White y Platt son claves para el contexto histórico específico de Nueva York y Albany.

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