La historia del jazz no se escribe únicamente desde los escenarios ni desde los estudios de grabación. También se construye —y a menudo de manera silenciosa— en archivos privados, colecciones personales, entrevistas rescatadas a contrarreloj y en la obstinación de quienes comprendieron que una música sin memoria corre el riesgo de convertirse en mito vacío. En ese territorio fundamental, pocas figuras resultan tan decisivas para el jazz de Chicago como John Franklin Steiner (1908–2000).

Aunque no fue músico profesional, Steiner ocupa un lugar central en la historiografía del jazz estadounidense por su tarea como coleccionista, investigador, productor discográfico y activista cultural, especialmente comprometido con la preservación del jazz tradicional y del legado afroamericano en Chicago.

La ciudad de Chicago fue, durante las primeras décadas del siglo XX, un laboratorio musical donde confluyeron músicos afroamericanos provenientes del sur —en el marco de la Gran Migración— con una escena urbana en expansión, marcada por clubes, salones de baile, grabaciones tempranas y un público heterogéneo. Sin embargo, gran parte de esa historia quedó fragmentada, dispersa o directamente ignorada por los relatos canónicos centrados en Nueva Orleans o Nueva York.

Steiner entendió tempranamente que Chicago no era una estación secundaria, sino un núcleo decisivo en la transformación del jazz: allí se consolidaron nuevas formas de arreglo, se expandió el rol del solista y se profesionalizó la industria discográfica. Su trabajo puede leerse como una respuesta crítica a la desmemoria institucional.

Desde mediados del siglo XX, Steiner comenzó a reunir grabaciones, fotografías, programas de conciertos, afiches, partituras, correspondencia y testimonios orales de músicos activos desde los años veinte en adelante. Lo notable de su enfoque no fue solo la acumulación, sino el criterio histórico: cada objeto era una pieza de un relato mayor sobre el jazz como fenómeno social, urbano y racialmente situado.

En un período en el que muchos músicos veteranos eran ignorados por la industria, Steiner los entrevistó, documentó sus trayectorias y defendió su relevancia artística frente a una narrativa que privilegiaba la novedad por sobre la continuidad histórica. En este sentido, su tarea anticipa enfoques actuales de la historia cultural del jazz, donde la oralidad y la experiencia vivida adquieren un valor central.

Steiner no se limitó al archivo privado. Fue una figura clave en organizaciones como el Jazz Institute of Chicago y el Hot Club of Chicago, espacios fundamentales para la difusión, educación y preservación del jazz tradicional. Estas instituciones funcionaron como verdaderos núcleos de resistencia frente a la marginalización del jazz en los circuitos culturales dominantes de la posguerra.

Además, participó en la producción y reedición de grabaciones históricas, entendiendo el disco no solo como objeto de consumo, sino como documento histórico y pedagógico. En este punto, su figura se inscribe en una tradición de productores e historiadores que concibieron el jazz como patrimonio cultural, no como mercancía efímera.

Tras su muerte en el año 2000, la vasta colección de Steiner fue donada a la University of Chicago, donde pasó a formar parte del Chicago Jazz Archive. Hoy, ese fondo constituye una de las fuentes más ricas para el estudio del jazz temprano en el Medio Oeste estadounidense y es utilizado por investigadores, estudiantes y músicos de todo el mundo.

Este gesto final reafirma el sentido profundo de su trabajo: el jazz como memoria compartida, accesible, viva y en permanente relectura. Steiner comprendió que preservar no es congelar, sino habilitar nuevas interpretaciones del pasado.

La figura de John Steiner invita a repensar quiénes escriben la historia del jazz y desde dónde. Su legado demuestra que la historiografía musical no se construye solo desde la academia o el mercado, sino también desde la pasión, el compromiso y la ética del cuidado cultural.

En tiempos donde la velocidad digital amenaza con diluir los contextos, el trabajo de Steiner nos recuerda que cada grabación, cada fotografía y cada testimonio son actos de resistencia contra el olvido. Chicago, gracias a él, no es solo un capítulo del jazz: es una memoria en permanente estado de escucha.

Por Marcelo Bettoni

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