El primer impacto público del jazz no se produjo a través de sus registros fonográficos, sino mediante la repercusión que generó en la prensa escrita. La Original Dixieland Jass Band —todavía con la grafía temprana del término— despertó, desde 1917, una combinación de rechazo, curiosidad y fascinación que contribuyó de manera decisiva a consolidar la idea de un nuevo género musical. Este clima mediático facilitó que la agrupación se convirtiera en la primera banda de jazz en presentarse fuera de los Estados Unidos, con un prolongado ciclo de actuaciones en Inglaterra que anticipó la expansión internacional del estilo.

Más allá del tono sensacionalista que acompañó sus apariciones públicas, las grabaciones de la ODJB constituyen hoy fuentes primarias indispensables para comprender la fase inicial de organización del lenguaje jazzístico. Sus piezas se articulan a partir de estructuras heredadas del ragtime y de la música popular de comienzos del siglo XX: formas multiseccionales, introducciones breves, pasajes de transición y codas de carácter enfático. El rasgo distintivo reside en la improvisación colectiva, práctica extendida en las bandas de Nueva Orleans, donde corneta, clarinete y trombón desarrollaban líneas simultáneas sobre patrones rítmicos reiterativos. Esta textura de “polifonía espontánea” se consolidó como uno de los signos identitarios del primer jazz.

En At the Jass Band Ball (1917) se advierte una estructura afín al esquema A–B–A, con un trío central que introduce contrastes armónicos respecto de la sección inicial. Tiger Rag presenta un diseño más fragmentado, propio del ragtime, compuesto por sucesivas secciones modulares (A–B–C–D) encadenadas con una energía casi febril. Livery Stable Blues alterna bloques de 16 compases y exhibe una dimensión paródica que incluye imitaciones de animales. Fidgety Feet, por su parte, retoma el modelo del two-step y evidencia la pervivencia de procedimientos rítmicos característicos de los rags decimonónicos.

La confluencia de marchas, himnos, blues, rags y melodías populares permitió que el jazz adquiriera, en un lapso relativamente breve, una fisonomía estilística definida. Este proceso preparó el terreno para el desarrollo de propuestas más complejas, como las de King Oliver y su Creole Jazz Band, cuya solvencia colectiva y sofisticación en los arreglos prefiguraron la madurez artística que el género alcanzaría en la década siguiente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

87 + = 93
Powered by MathCaptcha