A menudo imaginamos al músico como un observador romántico: alguien que contempla un atardecer glorioso, se llena de emoción y corre a su instrumento para traducir esos colores en sonidos. Sin embargo, para Pat Metheny, la creación funciona de manera inversa. Para él, la música no es un espejo del mundo exterior, sino un universo autónomo que espera ser descubierto.

Metheny comenta sobre quienes pueden inspirarse en lo visual, pero su realidad es distinta. Él no impone una imagen a la música; más bien, se somete a ella. Su proceso creativo comienza con una pequeña semilla, una nota o una idea breve. En ese instante, describe una sensación fascinante: el colapso de su universo. Todo su enfoque se cierra herméticamente alrededor de ese fragmento musical y su trabajo deja de ser “inventar” para convertirse en “desentrañar”. Su misión es simplemente desplegar lo que esa idea ya lleva implícito, permitiendo que la música dicte su propio destino.

Sin embargo, este nivel de inmersión conlleva un precio: la pérdida de la inocencia auditiva. Metheny admite su incapacidad para ser objetivo con su propia obra. Para combatir esto, recurre a un ritual tan mundano como necesario: la prueba del coche. Conduce escuchando sus mezclas, buscando desesperadamente desconectar su cerebro técnico para sentir la música como un oyente normal. A veces, por un segundo fugaz, logra “ver el atardecer” en su propia canción, pero la ilusión se rompe rápidamente cuando su mente analítica detecta que el bajo está demasiado bajo o la ecualización no es perfecta.

Finalmente, Metheny nos deja ante el gran abismo de la teoría musical. Reconoce que el ritmo y la armonía son arquitecturas técnicas; existen miles de libros sobre sustitución de acordes e inversiones que cualquiera puede estudiar. Pero la melodía es otra historia. La melodía es el “Factor X”, el elemento  misterioso. Es allí, en esa capacidad intangible para crear una línea melódica que resuene, donde reside el verdadero y esquivo talento, algo que ninguna teoría académica puede enseñar.

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