
Florence Price: la sinfonía afroamericana
Florence Beatrice Price (1887–1953) fue una compositora, pianista y organista afroamericana pionera, cuyo nombre ha vuelto a resonar con fuerza en los últimos años. Su historia encarna una paradoja profundamente estadounidense: el talento extraordinario que surge desde los márgenes, enfrentando los límites impuestos por el racismo y el sexismo, para construir una voz propia que desborda las fronteras culturales.
Nacida en Little Rock, Arkansas, en una familia afroamericana de clase media, Price recibió sus primeras lecciones de música de su madre, maestra y organista. Desde muy joven mostró una sensibilidad artística fuera de lo común. En una época en que la segregación racial condicionaba el acceso a la educación superior, logró ingresar al Conservatorio de Nueva Inglaterra en Boston, donde estudió composición, órgano y piano. Allí absorbió las técnicas del canon europeo —Brahms, Dvořák, Beethoven—, pero también comenzó a explorar las raíces rítmicas y melódicas de la tradición afroamericana.
A su regreso a Arkansas, Price asumió la dirección del departamento de música en una escuela, pero el clima de creciente violencia racial —incluido un linchamiento en su propia ciudad— la llevó a abandonar el sur. En 1927 se trasladó a Chicago, sumándose a la gran migración afroamericana hacia el norte industrial. Ese desplazamiento no solo cambió su destino personal, sino también el rumbo de la música clásica estadounidense. En la metrópolis del jazz y del blues, Price halló un entorno más abierto y creativo, en diálogo con figuras como Margaret Bonds y Marian Anderson.
En 1933, la Orquesta Sinfónica de Chicago, dirigida por Frederick Stock, estrenó su Sinfonía n.º 1 en mi menor, una obra monumental que fusiona la forma sinfónica europea con la cadencia espiritual del folclore afroamericano. Price integró en su música los espirituales negros, las estructuras rítmicas del ragtime y la energía polirrítmica africana, todo enmarcado en una orquestación refinada y expresiva. En sus obras se perciben resonancias de Dvořák, pero también una identidad sonora que anticipa la estética de William Grant Still y otros compositores del Renacimiento de Harlem.
Florence Price compuso más de 300 obras —entre sinfonías, conciertos, piezas corales, música de cámara y canciones—, pero durante décadas su producción quedó relegada por los prejuicios raciales y de género. Solo a partir del siglo XXI su figura ha comenzado a ocupar el lugar que merece en la historia de la música estadounidense. El redescubrimiento de manuscritos en 2009 en una casa abandonada en Illinois reactivó el interés por su catálogo y dio inicio a un proceso de reevaluación crítica que hoy la ubica como la primera gran compositora sinfónica afroamericana.
Su música, profundamente emocional, revela una visión estética donde la herencia africana dialoga con la tradición europea, prefigurando la búsqueda de identidad que, en paralelo, transformaría al jazz moderno. Florence Price respondió con música: con una sinfonía que hablaba en el idioma de todos, pero desde la voz de los que nunca habían sido escuchados. Su obra no solo amplió el repertorio clásico, sino que abrió un espacio simbólico donde la experiencia afroamericana se transformó en arte universal.
Por Marcelo Bettoni
Bibliografía
Rae Linda Brown, The Heart of a Woman: The Life and Music of Florence B. Price. University of Illinois Press, 2020.
Douglas Shadle, Orchestrating the Nation: The Nineteenth-Century American Symphonic Enterprise. Oxford University Press, 2016.